La muerte de Dario Vidal me ha hecho pensar que su amor por Alcañiz fue lección ejemplar a lo largo de su vida para todos, unido a su hondo aragonesismo. En artículo mío muy reciente en Heraldo de Aragón al analizar su buena labor de Darío Vidal, como consejero de Cultura de la DGA, hice un resumen de su mejor obra, la creación de la colección de libros titulada «Los aragoneses», con once títulos sobre El Papa Luna. Avempacee, Juan de Lanuza, Miguel Servet, Pedro Alfonso, Apaolaza, Ana Abarca de Bolea, etc. No incluyó Nipho por no atribuirse, a sí mismo, la autoría del libro. El Bajo Aragón ha estado siempre en mis decididas preferencias y admiro la vitalidad de sus habitantes; comarca junto con la Jacetania y la comarca del río Mesa, de notable longevidad. Y admiro el interés que muchos bajoaragoneses tuvieron o tienen por sus instituciones, como han sido los casos de Manuel Mindán, por su Calanda natal: o el de Micolau por el Instituto de Estudios bajoaragoneses, pues nos gana siempre a los bibliófilos cuando aparecen ofertas interesantes de libros de Aragón en los catálogos de libreros anticuarios; el de Emilio Mor, excelente radiólogo del Hospital de Alcañiz, que ha sido uno de los mejores discípulos de la decisiva Escuela de Radiología del Hospital Miguel Servet, preocupado de llevar a cabo cualquier favor que se le solicite.

Cuando la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis nombró a Dario Vidal, en 1992, Académico Delegado en la ciudad de Alcañiz, él propuso como discurso de ingreso «El feminismo como compromiso ético de Francisco Mariano Nipho», que leyó en el año 2000.

En muchos ambientes, don Darío alabó siempre la tarea de Sobrarías, Palmireno, Gaspar Sanz y Nipho; se preocupó asimismo de la redolada de Alcañiz. Colaborando con el Ateneo de Zaragoza en la organización de Peregrinaciones civiles a Alcañiz (1987); Castelserás, Torrevelilla y Fórnoles (Loscos, Pardo Sastrón, Andrés Piquer y Braulio Foz) y Calanda, pues era, como muchos aragoneses de nuestra generación, admirador de Manuel Mindán, que en Calanda murió a los 103 años, en 2006.

Compartió conmigo su interés por varios bajoaragoneses, cumplidos los cien años, los tres últimos vivos: hace pocos días cumplió los cien, José Balaguer de Andorra; su hermana, Pascuala cumplirá en junio, 105 años, viuda del Pastor de Andorra (que murió a los 101); y el Dr. Miguel Perdiguer, a dos meses para cumplir los 102, prestigioso médico sabio en varias disciplinas médicas que ha ejercido bien de una época con varios ilustres médicos en Alcañiz (Joaquin Deó, muerto en Huesca, a los 95 años, Massoti, Pons, entre otros) cuya increíble vitalidad asombra, pues conduce a diario su automóvil con vigente carnet de conductor y es todavía, magnífico fotógrafo como se sabe bien en Alcañiz y en Zaragoza.

Darío tenía tres hijos, uno de ellos, Rubén, excelente pintor, gran especialista en el desnudo mamario. A él, a sus hermanos y a María Jesús, la mujer de don Darío, el Ateneo de Zaragoza, quiere expresarles su hondo pesar por la desaparición de tan ejemplar aragonés.

Fernando Solsona – Ateneo de Zaragoza