De acuerdo con que tiene 94 años y que, cuando te haces mayor, los de tu edad han fallecido y ya nadie se acuerda de ti, también de acuerdo en que siempre tuvo un carácter especial, pero… de bien nacidos es ser agradecido.
El pasado 25 de julio, la Fundación Valderrobres Patrimonial entregó el VIII Galardón Asunción Tomás Foz a mosén José Orona Foz, cura nacido y criado en Valderrobres, que pasó por los seminarios de Alcorisa y Zaragoza, que ejerció como presbítero en diversas localidades del Bajo Aragón Histórico y que impartió clases de religión en el Instituto de Alcañiz y luego en el Instituto Goya de Zaragoza. Pero esos no son sus méritos para merecer el galardón.
José Orona, como todos, es hijo de su tiempo y de sus circunstancias y no le podemos juzgar desde nuestra perspectiva actual, pero lo que sí es juzgable es su aportación al patrimonio material e inmaterial de Valderrobres, dejando, al margen de filias o fobias, un legado a su querido Valderrobres que queda para la posteridad.
Desde hace ya muchos años, mosén José gastó decenas de miles de euros en donaciones y restauraciones que conviene que los olvidadizos recuerden. Sin orden temporal y a costa de omisiones, recordemos la donación de la gran campana de bronce que gira en el campanario, la gran tabla de pintura al óleo de San José, la escultura barroca de San Miguel, el grupo escultórico de los santos Abdón y Senén o los armarios de la sacristía de la iglesia parroquial.
A lo que se ha de sumar su intervención en la recuperación de la cruz procesional que había sido sustraída durante la Guerra Civil y la restauración de la maquinaria del antiguo reloj del campanario o del revestimiento metálico de la puerta del templo. Amén de colaborar con la donación de 25.000 € para la restauración de la ermita de los Santos.
Asimismo, dedicó ingentes esfuerzos a la investigación de la historia de Valderrobres, consultando infinidad de documentos medievales y modernos, que le sirvieron para publicar decenas de artículos sobre la historia local, rematados con la publicación de un libro de más de mil páginas, que regaló a cada una de las familias valderrobrenses que, entonces sí, acudieron raudas y veloces a recogerlo, hasta que en tan solo cuatro días se agotó.
Manuel Siurana

