Quede claro que no soy experto en nada, ni quiero hacerme pasar por tal. Que ni quiero ni intento convencer a nadie y sólo voy a exponer mi punto de vista. Un punto de vista como el de cualquier otro ciudadano, sobre uno de los temas derivados de la pandemia. La vacuna de Astra Zeneca está en el punto de mira. Al parecer se han relacionado unos determinados casos de trombos con el supuesto remedio y muchas de las personas en la banda de edad susceptible de ser inoculada se están negando masivamente a que se les vacune con este supuesto remedio. Dicen los expertos que los casos con efectos adversos son muy pocos, algo así como uno entre varios miles. Y los telediarios, y muchos medios de información, exponen machaconamente esta frase: "Los beneficios superan a los inconvenientes". Y nos animan a acudir en masa a vacunarnos.

Aunque sea verdad, aunque los daños colaterales estén, con mucho, dentro de lo normal (siendo generosos en nuestro juicio de valor) me parece una absoluta irresponsabilidad que el gobierno de la nación impulse a la gente a inyectarse el presunto remedio cuando, por pequeño que sea, existe el riesgo de morir o sufrir daños irreversibles. Me río yo de la frase "los beneficios superan a los inconvenientes" si esos "inconvenientes" me afectan a mí o a mi familia. ¿Qué me puede importar que las contraindicaciones sólo afecten a un dos o tres por mil, o por diez mil, o por los que sean, si me mata a mí o a un ser querido?

Obviamente hay intereses por encima de dos o tres muertes cada diez mil o cien mil vacunados. También intereses económicos porque interese más vacunar con una patente u otra. Pero cuando se trata de la Vida de quienes queremos, y de la nuestra propia, a mí, personalmente me importan un bledo el interés general, la economía y las encuestas de intención de voto. Hace poco más de un año nos decían que en España a lo sumo habría dos o tres casos de infectados por COVID. Que si no llevábamos mascarilla no pasaba nada mientras mantuviésemos la distancia. Que los que alertaban sobre un previsible confinamiento eran unos alarmistas. Luego fuimos confinados. Cuando el confinamiento y con él la privación de las más elementales libertades del ser humano se fueron relajando se nos dijo: "salimos más fuertes" por activa y por pasiva. Y sin embargo vinieron una segunda, una tercera y una cuarta ola de contagios. Se nos indicó que gracias al uso de la mascarilla los casos de gripe en toda España se habían reducido a seis o siete, para casi cuarenta y siete millones de habitantes. ¿Y resulta que con esas mismas medidas el otro virus sí se contagia? No podemos movernos de una región a otra. Pero los extranjeros turistas sí pueden venir a donde quieran. Por lo visto el virus no se transmite de franceses o alemanes o británicos a españoles. Debemos ser especies diferentes.

Se nos dijo que el gobierno pondría todo de su parte para ayudar a los perjudicados por el cierre de sus negocios, obligado precisamente por la situación de emergencia sanitaria. Sin embargo a aquéllos que han sufrido un ERTE, habiendo cobrado muchísimo menos, son obligados a pagar bastante más en la declaración de la RENTA. ¿Ésa es la ayuda? ¿Así "salimos más fuertes"? Me río yo de las ayudas de este gobierno que sólo da tumbos. De un gobierno en el que cada área la debería dirigir un experto en dicha disciplina, sin dar saltos de ministerios a candidaturas autonómicas, por ejemplo porque en un determinado momento convenga más sacar más votos aquí o allá. Me río yo de los criterios de esos próceres que se erigen en defensores de los pobres y desfavorecidos mientras sólo intentan que haya más pobres y desfavorecidos. Entiendo que la gestión de una pandemia y de la economía que se ve afectada por ella no es fácil e implica dejar a muchos descontentos. Pero también implica responsabilidad y profesionalidad, así como un poco de sentido común, y algo menos de política. En fin, amigos. Feliz semana, en la medida de lo posible, y a más ver.

Álvaro Clavero