Lo reconozco. En las series, en las películas, en los libros, y en casi todas partes, prefiero a los "malos" antes que a los "buenos". Entre otras cosas porque sus razones siempre suelen estar justificadas, porque son personajes con muchos más matices, y por fin, porque definitivamente no creo en buenos ni en malos, sino en personajes complejos y personajes planos.
Todos tenemos aspectos atrayentes y repulsivos. En ocasiones hay personajes cuya personalidad tiene aspectos más que reprobables. Pero con ellos el espectador empatiza más que con otros. Tal vez sea por la mezcla de características agradables y desagradables que nos acercan y separan a la vez. O posiblemente es que vemos reflejada esa parte nuestra que no nos atrevemos a ser por el miedo al qué dirán y eso es lo que nos atrapa.
Pero en cualquier caso sea eso, o sea porque las razones que arguyen se oponen a las verdades oficiales, a los comportamientos impuestos e impostados y a lo que se espera que todos debemos hacer como cordericos, por eso mismo, me encantan los malos.
Recuerdo una actriz que decía sentirse fascinada por interpretar este tipo de papeles. Que también se divertía infinitamente más durante los rodajes. Y pensando en ejemplos concretos, en los Berlines o los Palermos de "La Casa de Papel", en los Lex Luthor o los Darth Vader más oscuros me viene al pensamiento que cuanto más conocemos algo, más lo queremos, sea como sea.
Ya lo decían el "El juego de Ender": cuanto más conoces a tu enemigo, más te pareces a él. Y más lo amas, aunque sea una atracción peligrosa. Porque todo es relativo y todo depende de dónde traslademos el centro de gravedad.
De eso y de que el otro no entre en competencia directa con nosotros, como pasa entre los búhos y las águilas, allá en el monte y en el bosque. Claro que aquí una cosa es hablar de los malos, y otra bien distinta hablar de los enemigos, que son términos que se parecen, sí, pero que en ocasiones tienen un significado profundamente distinto.
Con todo "malos", "buenos", "amigos" o "enemigos" son palabras un tanto simples para definir unas realidades compuestas de infinitas pinceladas, ¿no?. A veces creo que son otro artificio, otro invento más para confundirnos y enfocarnos hacia donde no elegimos. Como casi siempre.
A veces pienso que si fuéramos completamente libres en estos Estados engañosamente democráticos seríamos como el militar norteamericano que de luchar contra los samuráis pasó a tomar conciencia y se sintió uno de ellos. Como el humano ex-marine que viviendo con los Omaticaya en el Planeta Pandora se revolvió contra los de su especie que eran los auténticos bichos destruye planetas.
Al final no creo tanto que existan bien y mal. Sólo seres y lugares que nos hacen infelices o muy felices. Eso sí, desconfíen de los que se catalogan a sí mismos como los "buenos", porque posiblemente ésos sean los peores. Feliz semana, y a más ver, amigos.
Álvaro Clavero


Así es, todo es relativo. Y, como dice el viejo dicho, todo depende del cristal con que se mira.
Una amapola en el jardín es una flor hermosa; una amapola en un campo de trigo es una mala hierba.