El apellido Marquesán es muy conocido por los lectores de La Comarca de Alcañiz. Don Cándido Marquesán, nacido en Híjar, es un editorialista y autor de libros, especializado en informar sobre las miserias de nuestro pasado reciente, que elige y selecciona cuidadosamente. Un pasado terrible, lleno de frustraciones, especialmente para los que combatieron en nuestra Guerra Incivil, y para los que desearon un cambio de régimen en 1975 que acabara con todo lo creado por el régimen del 39, cambio que llegó, pero no a su gusto.
Han pasado ya más de 50 años desde que los españoles aprobamos nuestra Constitución, que perfecta o imperfecta es la que tenemos, y con la que vivimos tanto el 65% de los nacidos después del 76 como el 35% de los nacidos antes de esa fecha. Marquesán es un hombre culto que vive en un presente que no es de su gusto. Tampoco del mío. Nació en Híjar. Yo he tardado muchos años en descubrir su obra y su pensamiento, y su trabajo, que respeto, pero que ni me ayuda ni me hace feliz.
Para mí el apellido Marquesán ha representado desde mi niñez un dulce recuerdo de los grandes reposteros que crearon su pastelería en Híjar en 1918. Por azares de los tiempos, en 1967 uno de los hijos del fundador abrió su dulcería en Zaragoza en Tenor Fleta 52. Cuando yo me casé, en 1969, fuimos a vivir al 54 de la misma calle, y desde entonces los dulces y turrones de Marquesán no han faltado nunca en nuestra mesa.
Suelo visitarle cada año hacia finales de noviembre para encargar los turrones que consumiremos en familia durante la Navidad en Barcelona. Como la vida da sorpresas parece que pronto podremos volver a celebrar la Navidad en Zaragoza.
Nadie podrá extrañarse de que este Marquesán tenga en nuestro hogar un sitio de honor. El espacio turronero se suele asomar a sus escaparates desde primeros de diciembre hasta mediados de enero, pero en La Dulcería Marquesán ya podemos encontrar los primeros guirlaches, elaborados barrica a barrica, entre las pastas de té, buñuelos o sus tartas, que son muy apreciadas durante todo el año. «Siempre hemos mejorado lo que teníamos», proclama su filosofía porque defiende que «Zaragoza es una población muy laminera».
Creo que es conveniente que se sepa que en Híjar el apellido Marquesán no es sólo el del comentarista de La Comarca, que vive en un pasado que no volverá. Es también el de la centenaria empresa familiar que nos acompaña con su dulce y placentera compañía. Hoy sus productos alegran la vida de hijaranos, zaragozanos y madrileños.
Aquellos que necesiten un Marquesán de felicidad pueden encontrarla con sus dulces y turrones. Los envían, como a mí, por mensajero directo al hogar de cada cliente. Son los amigos de una vida. No se lo pierdan.
Y no olvido a otros grandes pasteleros: de Alcañiz los Alejos, de Zaragoza, Fantoba o de Alcorisa, Belenguer. Todos ellos negocios centenarios. El oficio de sus vidas es hacer las nuestras más felices y más dulces.
Antonio Germán


Gracias por su atención en su artículo. no obstante, que no comparta mi visión de determinados planteamientos entra en la más estricta normalidad democrática. En cuanto a que vivo en el pasado, vera, haga un pequeño repaso de mis artículos publicados aquí y podrá observar que son de rabiosa actualidad. En lo que tengo que darle la razón es en los turrones Marquesan, espléndidos, tanto en la pastelería de Hijar como en la de Zaragoza en Tenor Fleta. Sobre todo los de yema tostada.Y en cuanto a las pastas de Alejo espléndidas. Muchas gracias por su atención y un saludo cordial.
Me parece incomprensible como se permite una publicación con este tono hacia otro Colaborador del periódico.
Puedes no estar de acuerdo con el contenido de los artículos de otra persona, pero no es de recibo los comentarios que lanza hacia el Sr. Marquesán «especializado en informar sobre las miserias de nuestro pasado reciente» o «Yo he tardado muchos años en descubrir su obra y su pensamiento, y su trabajo, que respeto, pero que ni me ayuda ni me hace feliz».
Personalmente me parecen mucho más relevantes, coherentes e interesantes los artículos del Sr. Marquesán, que los que escribe el Sr. Germán, que parece tener cierta nostalgia de un pasado por suerte ya superado.