El Gobierno central ha reducido en 172,5 millones de euros la garantía definitiva que Enel Green Power, filial renovable de Endesa, constituyó para desarrollar el Nudo Mudéjar de Andorra. La compañía, que en 2022 se adjudicó toda la capacidad eléctrica disponible en el concurso de transición justa, ve ahora rebajada su fianza de 221,3 a 48,8 millones de euros después del drástico recorte de su proyecto por los condicionantes ambientales. La decisión aparece recogida en una orden del Ministerio para la Transición Ecológica publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE).
La resolución modifica oficialmente las condiciones con las que Endesa ganó el concurso hace cuatro años. La potencia instalada pasa de 1.844 a 406,3 megavatios, mientras que la capacidad de acceso a la red se reduce de 1.202 a 264,9 megavatios. Como consecuencia, el Ministerio ajusta también los compromisos socioeconómicos que debía asumir la compañía para compensar al territorio por el cierre de la Central Térmica de Andorra.
Entre los cambios más significativos figura la reducción de los empleos directos comprometidos en la fase de operación, que pasan de 321 a solo 71 equivalentes a tiempo completo. Los puestos vinculados a la construcción se reducen de 59 a 13 y los empleos indirectos, de 5.944 a 1.310. Asimismo, la inversión comprometida en la cadena de valor local y provincial disminuye de 1.541 a 339,7 millones de euros.
Solo el 22% del proyecto original
El proyecto que Endesa presentó en 2022 aspiraba a transformar la economía de Andorra y su entorno después del cierre de la Central Térmica en junio de 2020. Su principal apuesta energética contemplaba siete proyectos híbridos que combinaban parques eólicos y solares fotovoltaicos, distribuidos por municipios como Andorra, Alcañiz, Calanda, Alcorisa, Híjar, Albalate del Arzobispo, Samper de Calanda, Castelnou, La Puebla de Híjar y Jatiel. A estas instalaciones se sumaban dos sistemas de almacenamiento con baterías, un proyecto de producción de hidrógeno verde y un compensador síncrono para contribuir a la estabilidad de la red eléctrica.
Sin embargo, la tramitación ambiental ha cambiado radicalmente estas previsiones. La declaración de impacto ambiental fue desfavorable para uno de los siete proyectos híbridos y estableció 101 condicionantes obligatorios para el resto. Tras adaptar su propuesta a estas exigencias, Endesa ha reducido su desarrollo renovable a tres parques fotovoltaicos y uno eólico, con almacenamiento en baterías y un compensador síncrono. La compañía sitúa las instalaciones que mantiene en el entorno de Híjar, Samper de Calanda, La Puebla de Híjar, Jatiel, Alcañiz y Alcorisa. En total, los 406,3 megavatios autorizados suponen una reducción de casi el 78% respecto a la potencia instalada que contemplaba el proyecto ganador.
La eléctrica también dispone de 117 megavatios de generación renovable ya puestos en servicio dentro del perímetro de la antigua Central Térmica, que presenta como parte de su transición energética en Andorra, pero que deben diferenciarse de los 406,3 megavatios correspondientes al proyecto ahora modificado.
Una vez que se dé por cerrado el concurso del Nudo Mudéjar para Endesa, la empresa tendrá que esperar a las autorizaciones de construcción por parte del MITECO para empezar a hacer realidad el proyecto en el Bajo Aragón Histórico. Por el momento, no hay un horizonte claro de cuándo podrían llegar las autorizaciones, pero el plazo máximo se establece para después del verano de 2027.
Pendientes las nuevas bases
Todavía quedan pendientes de publicación las bases del nuevo concurso para adjudicar los más de 900 megavatios que quedan ahora disponibles. La orden publicada esta semana establece expresamente que Red Eléctrica de España deberá mantener reservada esa capacidad hasta que se convoquen y resuelvan los procedimientos correspondientes para su adjudicación.
El Instituto para la Transición Justa (ITJ) había trasladado su intención de aprobarlas antes de finalizar 2026 y contar con las primeras propuestas de adjudicación en la primavera de 2027. Mientras tanto, casi seis años y medio después del cierre de la Central Térmica de Andorra, el territorio continúa a la espera de que se materialice buena parte de la actividad económica y el empleo que debía impulsar el proceso de transición justa.
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