Cierro los ojos. Estoy frente a un atril con forma de corazón, en un anfiteatro lleno, intentando trasladar la razón de mi vocación. Segundos antes, las presentadoras me han preguntado si tengo un propósito de vida. Lo tengo, claro, en lo personal y en lo profesional, que a veces son una misma cosa: aportar con generosidad. Como periodista, hacerlo desde y para nuestro entorno rural, contribuyendo a agitar, emocionar, reivindicar, inspirar y favorecer su progreso. Respondo y lo explico.
Estamos en la gala de los Premios Solidarios del Grupo Social ONCE y todo sucede alrededor de un lugar imaginario, el pueblo del Bienvivir. Escucho a unos niños construir un diccionario de la discapacidad con palabras inventadas que, curiosamente, definen mejor algunas cosas que muchas de las que utilizamos cada día. Una de ellas es «inclupeña».
Con los ojos todavía cerrados, mientras hablo, explico cómo puedo ver perfectamente, con nombres y apellidos, a muchas personas, asociaciones, empresas e instituciones de mi «inclupeña». Las he conocido durante estos veinte años de ejercicio como periodista en Alcañiz. También reconozco en ella el compromiso silencioso de tantos vecinos que, desde lo cotidiano, hacen mejor la vida de los demás.
Grupo La COMARCA recibe un premio por cuarenta años de periodismo de proximidad. Y pienso que nuestra forma de trabajar, mirando de cerca, nos ha permitido conocer las barreras que todavía existen y proyectarlas. En el medio rural son, muchas veces, mayores. Barreras de movilidad, en la educación, en el acceso a la sanidad o a determinados recursos. Nuestras distancias agrandan las dificultades y los estereotipos las hacen más persistentes y, demasiadas veces, más invisibles.
Abro los ojos. Mirar de cerca también permite ver la luz. Está en quienes acompañan, abren caminos, crean oportunidades y convierten obstáculos en posibilidades. Son las señales que nos acercan a ese pueblo del Bienvivir que el Grupo Social ONCE ha inventado para esta gala.
Sé que esta mirada supone un aprendizaje constante y contiene una enorme responsabilidad. Estar pegados al territorio nos ayuda a no perder el foco precisamente ahora, cuando el ruido, la manipulación, los intereses particulares o partidistas, las presiones, la velocidad, la IA y los algoritmos pueden convertirse en nuestro peor antifaz. Tenemos los ojos abiertos, pero no siempre vemos lo importante. Por eso agradecemos inmensamente este premio, porque nos recuerda el privilegio de poder seguir tocando la realidad, con nombres y apellidos.
Durante la gala aprendí otra palabra, «Integratura», la asignatura de la integración. Pensé que, como sociedad, todavía nos quedan algunos suspensos por remontar. Pero también pensé en tantos sobresalientes y matrículas de honor que encontramos cada día a nuestro alrededor. Son esas personas las que iluminan el camino, las que nos ayudan a quitarnos el antifaz y a mirar de frente hacia una sociedad más justa.
Ya no queda ningún medio de nuestra dimensión fuera de las capitales de provincia en Aragón. Es una suerte poder ejercer el periodismo con tanta claridad. Por eso las 23 personas que formamos Grupo La COMARCA recibimos este reconocimiento como un impulso para continuar y para seguir mirando de cerca, siendo útiles y haciendo visibles los márgenes, los espacios y personas silenciadas de nuestro territorio.
Hay que quitarse el antifaz para aspirar, más pronto que tarde, al cum laude en justicia social, igualdad e «Integratura» del Bajo Aragón Histórico, las Cuencas Mineras y, si nos dan rienda suelta, en todo el medio rural.
Eva Defior. Sexto Sentido

