Mi hijo cursa primero de Primaria en un colegio público y el otro día trajo deberes para completar en casa. Tres ejercicios de matemáticas donde se le invitaba repetitivamente a contar dos más tres. La primera vez incluso estaban los números punteados y solo había que seguir el trazo. La segunda y la tercera, él tenía que dibujar el dos, el tres y el cinco en un cuadradito blanco.

Entiendo que mi hijo pusiera cara de hastío y que se molestara por tener que repetir la misma suma. Pasó a esforzarse menos, por lo que el dichoso numerito le salía peor. Se lo borré varias veces y vuelta al dos más tres para aumentar su frustración. No me extrañó que mi marido protestara porque en nuestra época, con seis años, ya sabíamos leer, escribir, sumar y restar; tampoco que mi padre, el abuelo de la criatura, asegurara que ahora los estamos criando tontos. ¿Cuánto y a razón de qué ha bajado el nivel educativo?

Comprendo los estudios que defienden que la etapa de Infantil tiene que centrarse en el desarrollo social, emocional y cognitivo del alumno, que hay que respetar los ritmos de cada uno y que la ley no obliga a pasar a Primaria sabiendo leer y escribir. Es cierto que hay niños que no desarrollan las habilidades motrices necesarias hasta pasados los seis años, es decir, que no cogen bien el lapicero y les resulta casi imposible trazar letras.

Sin embargo, al observar la clase de mi hijo, en la que unos saben leer en mayúsculas, otros en minúsculas y otros no saben nada, me imagino el reto del profesorado en esta etapa educativa. ¿Quién lo paga en realidad? ¿El que aprende despacio o el que aprende deprisa? ¿El que no sabe leer o el que espera aburrido? Ambos pueden frustrarse y desmotivarse. En los dos casos puede acabar en fracaso escolar. Y el profesor, como unas maracas.

La clave está, según dicen los docentes, en la educación «multinivelar», en darle a cada alumno lo que necesita. La teoría es preciosa, pero ¿hay personal para ello? El propósito de primero de Primaria es que aprendan a sumar y restar hasta el número veinte. Claro, si lo comparamos con Infantil, donde solo era hasta el diez, parece todo un logro.

Empiezo a pensar que mi padre tiene razón y el nivel educativo es excesivamente bajo. Tontos, no sé… muy listos, tampoco.

Cristinica Gómez. Cosas de locos