Si la educación es la herramienta más poderosa para garantizar el ascensor social y el futuro de un país, convertir el aula en un laboratorio ideológico es el mayor ataque posible al principio de igualdad. Durante años, la izquierda ha vendido el espejismo de que maquillar las cifras de fracaso escolar equivale a mejorar el aprendizaje. Hoy, los datos desmontan el relato: devaluar el mérito y regalar el aprobado no ha hecho a nuestros jóvenes más libres ni más iguales, sino más vulnerables ante un mundo competitivo que no regala nada.
La tramitación de la LOMLOE anticipaba ya las grietas del modelo. Aprobada en plena pandemia y al amparo del estado de alarma para impedir el debate a la sociedad, la ley nació sin el consenso de la comunidad educativa. No se buscaba la excelencia ni la estabilidad del sistema, sino imponer un modelo condicionado por la carga burocrática, la rebaja sistemática de la exigencia y un marcado adoctrinamiento político.
El corazón de esta reforma modificó las reglas de promoción y titulación para fabricar un éxito estadístico artificial. Sin embargo, aprobar sin saber ni esforzarse no es un derecho: es una trampa. Suprimir la cultura del esfuerzo erosiona la meritocracia y lanza un mensaje demoledor a las nuevas generaciones: que el trabajo no merece la pena.
La responsable política de afianzar e implantar este marco no fue otra que la ministra Pilar Alegría, quien dirigió la aplicación de los nuevos currículos y abanderó la defensa de un modelo que hoy rinde cuentas ante los ciudadanos.
El balance de esta gestión no admite paños calientes. El informe PISA 2025 representa la primera evaluación rigurosa a estudiantes educados bajo la LOMLOE, y el resultado es un suspenso rotundo a las políticas educativas de la izquierda. Los datos muestran un desplome histórico de los niveles de competencia, la caída de la excelencia académica y un preocupante aumento de alumnos en las franjas de menor rendimiento. Hoy nuestros alumnos comprenden peor lo que leen y resuelven peor los problemas matemáticos y científicos que hace 10 años.
Pero este deterioro educativo no afecta a todos por igual. Las familias con más recursos pueden recurrir a apoyos, refuerzos y oportunidades fuera del aula para suplir las carencias del sistema. Quienes parten de una situación más desfavorable no tienen esa posibilidad: para ellos, la escuela pública es la principal vía para avanzar y abrirse camino. Por eso, rebajar la exigencia no genera más igualdad; reduce las oportunidades de quienes más dependen de una educación sólida y exigente para construir su futuro. Este es el escudo social que tanto dice defender la izquierda: abandonar a quienes más necesitan de lo público para prosperar.
Silvia Casas. PP / Alcorisa


mira por donde que esperaba un artículo sobre los alquileres.
Pues mira por dónde, alcañzno, ten un poco de paciencia. Ya hará Herminio Sancho el artículo sobre los alquileres que estabas esperando, en cuanto termine el curso de aprender a votar a viva voz sin equivocarse otra vez.
Mientras tanto, siempre puedes intentar comentar algo sobre lo que ha escrito Silvia Casas. Aunque entiendo que eso ya te exige un esfuerzo algo mayor.
👍👏
👍👍🙌🙌🙌😂
Me falta en este artículo una alusión a la apuesta decidida e indecorosa por la educación concertada que han hecho ustedes, y que con tanto entusiasmo defiende, a costa de detraer recursos de la escuela pública, cada vez más infradota e e infrafinanciada. Lo de que «para ellos, la escuela pública es la principal vía para avanzar y abrirse camino» resulta puesto en su boca, cuando menos una incoherencia.
Maestra, qué curioso. El artículo habla de aprendizaje, esfuerzo, exigencia, mérito y oportunidades para los alumnos con menos recursos, y usted responde con la palabra «concertada» como si acabara de pulsar el botón rojo de la consigna.
Dice que la concertada detrae recursos de la pública, que la pública está «cada vez más infradotada e infrafinanciada» y que eso demuestra la incoherencia del artículo. Magnífico. Ahora solo falta el pequeño detalle de aportar algún dato que demuestre todo eso. Porque afirmar que la concertada se financia «a costa» de la pública no convierte la afirmación en cierta por el simple hecho de escribirla con indignación.
Y hay otra cosa que quizá convendría aclarar. Defender una escuela pública fuerte, exigente y capaz de proporcionar a un alumno sin recursos las herramientas que otros pueden comprar fuera del aula no es ninguna incoherencia. Al contrario, es precisamente una de las razones para exigir que funcione bien.
Lo verdaderamente llamativo es que, ante una crítica a la rebaja de la exigencia educativa, su respuesta consista en defender indirectamente que el problema está en otro sitio. Ni una palabra sobre si se aprende más o menos, ni sobre el esfuerzo, ni sobre los resultados, ni sobre cómo mejorar el rendimiento de los alumnos que más necesitan la escuela pública.
Eso sí, «indecorosa», «infradotada», «infrafinanciada» y «a costa de» salen perfectamente. Mucha etiqueta y ningún dato.
Para ser «maestra», esperaba bastante más pedagogía y bastante menos consigna.
Estimada maestra, a mi me falta alguna respuesta a un articulo que salió estos últimos días, en el marco de los recientes resultados PISA, y que se mostraba bajo este titular «Los profesores españoles trabajan dos horas menos a la semana que en la media de la OCDE. El número de maestros crece un 9% en una década mientras el de alumnos se reduce un 5%». Resulta chocante estos datos bajo el pésimo escenario PISA mostrado estos días, como con la financiación que se dice, ¿nos podría dar luces al mismo?. Si es que va a ser cierto, vamos a ser los padres, debemos de ser los peores padres de la UE . Fdo: Un contribuyente