Vivimos a toda velocidad. Y no, no me refiero a la creciente obsesión por el running, sino a que todo cambia en un abrir y cerrar de ojos: las modas, las opiniones, las prioridades… y hasta nosotros mismos. Hoy somos de una manera y mañana de otra. ¿Por qué? Porque todo a nuestro alrededor va rápido, y si te detienes, aunque sea medio segundo, puedes llegar a sentir que te estás quedando atrás. No sabemos bien por qué corremos, pero lo hacemos. Porque hay que estar, producir, compartir, crecer, lograr. Porque si no haces algo, parece que estás perdiendo el tiempo.

Nos despertamos con la agenda llena y el móvil en la mano. Nada más abrir los ojos revisamos la bandeja de email, lo que ha ocurrido en redes sociales, nuestras cabeceras de referencia, la agenda diaria... Soñamos con el futuro, con lo que viene, con lo que "podríamos llegar a ser", mientras nos olvidamos de lo que ya somos. ¿Y el presente? Vivimos tan enfocados en lo que falta que creemos que no tenemos tiempo para ver el camino que ya hemos recorrido, darnos cuenta de todo lo que hemos logrado y felicitarnos por ello.

Y quizás, parte de esa prisa venga de lo que nos cuentan que ocurría antes: generaciones que a nuestra edad ya habían comprado una casa, formado una familia, o «hecho su vida». Crecimos con la idea de que ciertas metas se alcanzaban rápido, y al no verlas cumplidas en nuestro caso, sentimos que vamos tarde. Aunque el mundo haya cambiado, la vara con la que nos medimos sigue siendo parecida.

Echando un vistazo a mi alrededor me he dado cuenta de que cada vez son más las personas que empiezan a notar este desgaste. No es solo cansancio físico: es una especie de saturación mental, una sensación de que todo va demasiado rápido, pero que no sabemos cómo frenar.

Tal vez el verdadero desafío sea parar. Estar. Respirar. Entender por qué corremos, hacia dónde vamos… y si realmente queremos ir ahí.

Y si un día decides dormir sin alarmas, no contestar mensajes al instante o no tener un «planazo»... ¡también está bien! Igual no es el día más productivo del año, pero a lo mejor es el que más disfrutas. Porque vivir no es solo avanzar, también es quedarse un rato en paz y pararnos a escuchar cómo suena el silencio.

Laura Alejos. Y de postre