Mira por donde me toca escribir la columna precisamente el 23 de abril, Día de Aragón. Y como todos los días, he alternado el desayuno diluyendo en el café con leche las decenas de titulares de la prensa que todavía recibo en casa a las 7 de la mañana. Un lujo para empezar el día, que a veces es una suma de disgustos, porque desde la insensatez, mediocridad y ambición se pone en peligro la estabilidad y paz social, la convivencia y el aquí y ahora, jugando con el futuro.

Leyendo con ocasión de la festividad georgiana, que todo el mundo ensalza y alaba a nuestro querido Aragón, pienso que deberíamos poner en marcha un Día del Bajo Aragón, del Gran Bajo Aragón, el Histórico poco más o menos, porque estas celebraciones generan iniciativas positivas aupadas en la ilusión de mejorar. Crean orgullo de pertenencia.

Para acometer un proyecto de Gran Bajo Aragón necesitamos, en primer lugar, conocernos más y mejor, una tarea que ejerce con dignidad y eficacia este medio, La Comarca, y otras publicaciones del territorio con espíritu proactivo. Todo suma.

En segundo lugar, necesitamos creer que es posible hacer de la necesidad virtud, porque aunque no somos muchos, somos mucho. Ahí está nuestro pasado histórico y el presente difícil pero exitoso en el mundo económico y social, turístico, artístico... y humano. Y tenemos tierras raras como Ucrania. Somos el «poso» de Aragón.

En tercer lugar, hemos de interiorizar que el Gran Bajo Aragón no es solo un territorio que comparten ilógicamente dos provincias formado por varias comarcas, sino que es también cada decímetro cuadrado que pisa cualquier bajoaragonés donde quiera que esté.

Con ilusión colectiva, más juntos, seremos embajadores de nuestra tierra, proclamaremos sus virtudes, procuraremos entender sus carencias, reivindicaremos sus necesidades, exigiremos sus derechos, invocaremos nuestras razones, invitaremos a conocer y disfrutar una tierra y unas gentes, ni mejores ni peores que otras muchas, pero que son las nuestras y con generosidad queremos compartir.

Históricamente, mucho sabemos en estas tierras de lo que significa concitar pactos y uniones, y el mundo nos lleva a tener que admitir que la unión hace la fuerza. Treinta y tres comarcas en Aragón son muchas, creo que no tardará en fructificar la idea de repensar el territorio. Y ahí tenemos que estar con la mente despierta, la lección aprendida y la tarea comenzada.

Miguel Caballú. Cartas a Abel