Hace unos meses me encontraba acabando mis estudios de periodismo y decidiendo a qué quería dedicar mi trabajo final, con la certeza de que debía ser sobre el mundo rural. Después de muchas vueltas, me dí cuenta de que había algo que me preocupaba mucho: la pérdida de las tradiciones con las que he crecido y que forman parte de mí, nacida y criada en La Cañada de Verich.
Cuando hablamos de la despoblación y vemos los números siento que siempre nos olvidamos de que vaciar las zonas rurales no significa solo que las personas se vayan, sino que también se llevan todo lo que hace de un pueblo lo que es. Al hablar con mi tutor repetí constantemente un concepto: la identidad local. Últimamente se habla mucho de identidad nacional, porque es cierto que lo que somos depende en parte del lugar del que venimos, pero siempre he pensado que lo más bonito que tiene este país es lo diferente que es con tan solo moverte unos kilómetros.
Cada pequeño municipio tiene una historia, unas costumbres, una forma de hablar… Todo ello es digno de ser recordado y no desaparecer por el simple hecho de que no quede quien lo recuerde. En este punto, investigando para mi trabajo, descubrí algo de lo que no era consciente: la tendencia que está comenzado en los pueblos de intentar recuperar tradiciones pasadas y mantener las que todavía no se han perdido. En definitiva, caí en la cuenta de que el mundo rural está luchando por no perder su pasado, su memoria, aquello que forma parte de su sello. Son ejemplo de ello acontecimientos como que este fin de semana La Cañada de Verich haya recuperado «La Barraca» olvidada, que contó con una preciosa recreación histórica.
Me gustaría terminar con las mismas palabras con las cuales puse fin a mi trabajo, las de Buñuel, ya que los bajoaragoneses llenan sus pueblos de vida con el mismo fin con el que él hacía sus películas: «conseguir que hasta el espectador más ordinario sienta que no está viviendo en el mejor de los mundos posibles».
Esperanza Estévez. Huellas de palabras
El mejor de los mundos posibles
Hace unos meses me encontraba acabando mis estudios de periodismo y decidiendo a qué quería dedicar mi trabajo final, con la certeza de que debía ser sobre el mundo rural


Más a menudo, las personas que tratan de que las historias grandes y pequeñas de nuestros pueblos no se pierdan y olviden, son consideradas defensoras de tontadas que no sirven para nada y que muy pocos valoran. De hecho son consideradas cosas menores y poco importantes. Que les contarán algunas a sus nietos. Quizá que hay que tener muchas cosas, para no tener nada.