Mirar no es ver. Nunca lo ha sido ni debería serlo. Miramos demasiado poco. Mirar significa estar presente, con todos los sentidos, y transitar el momento intensamente. El eclipse total nos regaló ese tiempo: 93 segundos de mirada colectiva, de sentimiento individual, de magia compartida. Sentí a dos búhos reales despertar y volar desde la loma del Espartal. Sentí a mi hija apretarme la mano, como si el tiempo se detuviera. Sentí a quienes más quiero alrededor. Y no quedó espacio más que para el silencio, el sobrecogimiento compartido y las palabras sin palabras. Y se fue, como se fueron las Perseidas, como se van las primeras veces que nunca se olvidan. Todos queríamos repetir. ¡Claro!

Por eso me siento privilegiada de poder asomarme, mientras escribo, a este Mirador, mi «Sexto sentido», desde el que les hablo desde hace casi veinte años. Porque me permite darle foco, repensar, remirar, unir, contar lo acontecido para compartirlo. El eclipse representa precisamente eso, todo aquello que vivimos y no podemos explicar con el verbo, lo esencial, lo que nos hace humanos.

Este 12 de agosto hubo miradores de todo tipo: en una loma, con mesas, meriendas y mantitas; con teleobjetivos y disfraces; entre familias y amigos; en ermitas, caminos con sombrillas, pantanos, cabezos, yacimientos íberos, calles elevadas, huertas, masicos y terrazas.

En la redacción preparamos una cobertura sin igual y estuvimos trabajando hasta la madrugada para regalarles nuestro propio mirador: ese que permite compartir una perspectiva global y saber qué sucedió al mismo tiempo en los principales rincones de nuestro territorio. Recibimos cientos de rostros y vídeos de felicidad y éxtasis; palabras de ilusión; imágenes de vecinos, extranjeros, mayores, niños, parejas, familias, científicos, frikis y entusiastas con disfraces, platos y raseras. En nuestras crónicas se lee toda esa intensidad, elocuencia, sorpresa, ciencia e inspiración.

Nuestro mirador es suyo, porque es el que crean ustedes, no importa lo alto que esté. Y nos estalla la belleza inenarrable cuando, en momentos así, tantas personas nos transmiten a la vez su emoción y nos permiten contarla. No se me ocurre un oficio más maravilloso ni un mirador con menos distancia de la realidad. Este rincón que leen es un lugar desde el que contemplar todo lo que sucede, elegir hacia qué punto cardinal dirigir la mirada y mostrarlo a quien quiera conocerlo.

Mirar al Bajo Aragón Histórico durante los últimos veinte años, en tantísimos acontecimientos excepcionales, me ha llenado de un amor por nuestro medio rural y por sus habitantes difícil de explicar. Cuesta creer que todavía sea posible seguir acumulando tanto aprendizaje. Cada día es una aventura. Cada día aprendo. Eso me hace incansable y me llena de sonrisas y energía positiva.

A veces resulta agotador, porque ya saben que vivir en nuestros pueblos también implica afrontar amenazas que la cercanía magnifica. Sin embargo, el anillo solar que veo hoy cuando cierro los ojos es tan increíblemente excepcional que me siento felizmente afortunada.

Hoy me entregan en Belmonte de San José el Premio Mirador del Bajo Aragón por hacer mi trabajo como periodista y directora de La COMARCA. Gracias al alcalde, Alberto Bayod, y a todo Belmonte de San José. Allí he estado en casa de Pío Membrado, en el Mas Blanco, en la Carta Puebla y en una charca viendo ranas. Fui buscando el sol hasta su ermita el día de Año Nuevo de 2025 y abracé su pino centenario. Su mirador de la Predicadera forma parte de la Ruta de los Miradores del Bajo Aragón.

Allí me hablaron de una vecina agricultora y poeta, y la invité a escribir en el periódico. Su alcalde colecciona todos los ejemplares de La COMARCA en papel y también escribe, como historiador, artículos increíbles. Diría tanto de tantos pueblos y tantas personas que nos habitan... Me encanta descubrir la excepcionalidad de cada pequeña cosa. Me permite viajar de lo local a lo universal, trascender y volar.

Con mi mirada simbólica he superado todo tipo de barreras diarias para trabajar con compromiso, rigor, alta exigencia, empatía, pasión, reivindicación y luz, con el objetivo único de aportar, conectar e informar al Bajo Aragón Histórico. Esa mirada nos ha abierto durante estos años muchas puertas y nos ha tendido muchos puentes, que por suerte suelen recorrerse en ambos sentidos.

Solo soy una pieza de un inmenso puzle, el de este periódico, por el que han pasado cientos de personas durante sus cuarenta años de historia, y el de un equipazo construido hoy sobre esos mismos valores. Tenemos la fortuna de trabajar desde este mirador mágico, de proximidad y horizontes interminables.

Siempre he sufrido el síndrome de la impostora y he creído que los periodistas no debemos ser protagonistas. Pero el tiempo me ha enseñado lo necesarios y, a la vez, lo vulnerables que somos. Así que esta noche me quitaré las gafas protectoras para mirar sin filtros y disfrutar de este premio, que para mí es como un eclipse total, ¡totaaaal!

Eva Defior. Sexto Sentido