Caspe ya no es, fundamentalmente, uno, sino tres: el Caspe que dicen fue fundado por Tubal, nieto de Noé; el Marrocasp de los que llegaron en los años noventa desde el Magreb; y el Caspekistán de los últimos diez años.

Esta "teología demográfica" es la que tiene que sustentar y sostener con armonía el Caspe contemporáneo, si no se quiere llegar a la rotura social o a la despoblación.

Esta "teología demográfica" necesita aprender y fraguarse, más en la escuela, las calles y el trabajo que en los templos que cada uno trae como pesada mochila disgregadora. Debe convertirse en ciudadanía, leyes basadas en los principios de convivencia y los Derechos del Hombre. En definitiva, en la Constitución.

Caspe está abocado a otra Concordia y otro Compromiso, esta vez para encontrar su sitio y progreso en el siglo XXI globalizado. Porque me quedé corto en la titulación de la columna, y su "trinidad" es mucho más amplia: son los centroeuropeos ortodoxos; son los nepalíes hinduistas y los africanos animistas.

Recuerdo que oficialmente hay censadas en Caspe personas de 63 naciones diferentes. Pese a las dificultades, que las tiene y muchas, Caspe ha de huir de ser Babel para convertirse en Convivencia. Ánimo.

Alejo Lorén