Son muchos los grupos que se valen de la inteligencia artificial para hacer sus letras, pero aún le falta un buen trecho a la IA para lograr poetizar con la destreza y pulcritud con que lo hace Carlos Malicia.
Carlos es un auténtico poeta (satírico), de métrica perfecta. En sus textos puedes encontrar desde bisílabos a alejandrinos, o eneasílabos, que utiliza de forma magistral en sus canciones. Habla de relaciones humanas, como el amor, pero también de relaciones de poder, económicas o sociales; incluso tiene una canción dedicada a la tortilla de patata. Guitarrista de formación clásica, es un excelente compositor, consciente del equilibrio que ha de haber entre música y texto: la música tiene tanto poder evocador que puede llegar a arruinar una buena letra, a hacerla sonar pretenciosa. Y, del mismo modo, a veces de un poema malejo sale una gran canción. Mis canciones se dirigen más a mover el cerebro que el pie.
Él se define como juglar, pero no le molesta que lo llamen cantautor: como me dijo una vez un niño, puedes llamarme como quieras... ¡mientras no sean insultos!
Encontrarse con Carlos en nuestra comarca es una suerte que no hay que dejar escapar.
Los que hayáis leído alguno de los artículos sobre música que he dejado aquí, ya sabéis que soy aficionado a todo género, aunque sobre todo al jazz, pero hoy, en este mundo de mentiras, que también empobrece el arte, donde palabras como jazz, flamenco o música clásica se maltratan en festivales y discos, me cuesta salir de casa para ir a escuchar conciertos. Hace años que no soporto ver un festival de «jazz» completo; añoro esos tiempos en que me sacaba el bono en varias ciudades de España para escuchar jazz y escuchaba jazz. Ahora voy a escasos festivales y, a los que acudo, solo compro entrada para una o dos actuaciones como mucho; lo demás me aburre de manera supina.
Amigos muchas veces me dicen: en tal pueblo hay jazz o un concierto de piano o un grupo de… En ocasiones voy, por socializar, un rato, pero suelo aburrirme y, en cuanto puedo, desaparezco y quedo fatal. Este año, tras buscar mucho, me he programado cuatro salidas para escuchar conciertos por España que casan con mis gustos; pero salir de casa para escuchar música con pocas garantías de lo que me voy a encontrar, me echa para atrás. Mi edad avanzada me lleva a elegir cuidadosamente mis momentos, y casi siempre elijo quedarme en casa escribiendo, tocando o escuchando un disco mientras me tomo un vino de Cretas o leo un libro o un cómic. Pero esta semana viene Carlos Malicia y este juglar maestro de la sátira, de textos divertidos, críticos y sinceros, me va a sacar de casa, y en esta ocasión estoy seguro de gozar, disfrutar de su humor irónico y su discurso de calidad, verdadero y sin trampa.
Coco Balasch. Mi canción de hoy.

