Hace años que el bipartidismo es una farsa, para blindar a los poderosos que la sostienen, de enfrentamiento de políticas inmovilistas muy similares, de reparto de contrapoderes y de permisividad con la corrupción; cuando suena la campana de cambio, cientos de miles de votantes pasan de votar PP a votar PSOE, y viceversa. El vacío ideológico de ambos y su falta de proyecto para España los mostraba como esos púgiles que, para ocultar el tongo pactado, se abrazan para evitar golpearse y caer. Cuando un número creciente de votantes desengañados les retiró el voto, la aparición de partidos populistas en sus extremos les permitió mantener la ficción y disimular su orfandad ideológica: el PSOE podía parecer de izquierdas, por cercanía a Podemos, y progresista, por contraposición a Vox, y el PP parecer de derechas por cercanía a Vox y liberal, por contraposición a Podemos.
Los extremos populistas arrastraron a sus cercanos a una polarización que se ha acentuado con la llegada de aquellos al poder; sólo hay que ver las derivas del gobierno de Sánchez, con Podemos, y del de Mañueco en Castilla-León, con Vox. Crear problemas nuevos es la cortina de humo perfecta para que ministros y consejeros se enzarcen en broncos enfrentamientos en lugar de gestionar sus competencias para solucionar los que aquejan a los españoles.
El espectáculo de sectarismo, arrogancia e incompetencia es de tal calibre que, para tapar errores, el Gobierno carga contra el Estado y ejerce de oposición de sí mismo y de oposición de la oposición (ventaja de tener dos o tres gobiernos dentro del Gobierno («uno y trino»). El tinglado se sostiene porque, tras tensar la cuerda, los socios de ambos gobiernos repliegan velas para seguir en el poder (lo único que les mueve) y porque la verdad y la mentira se aceptan en igualdad de condiciones admitiendo como legítima, si viene de «los nuestros», la contradicción entre lo que se dice y la realidad que nos golpea día a día.
Entre un Sánchez capaz de cualquier cosa por mandar (gobernar es otra cosa) y un Feijoo incapaz de hacer una propuesta ilusionante para no equivocarse, yo no haría pronósticos. Ciudadanos ha demostrado, su capacidad de gestión y acuerdo donde ha gobernado; ahora, además, es la única opción liberal, reformista y progresista que puede detener y revertir la deriva iliberal de nuestra democracia.
Luis Esteban. CIUDADANOS Calanda


Si me he enterado bien, todos los partidos son malos, formados por sectarios e incompetentes. Con una sola excepción, Ciudadanos. Ciudadanos, ese partido que tuvo por candidato a presidente a un tal Albert Rivera, que sin apenas experiencia laboral pretendía dirigir un país. Ciudadanos, un partido que pasó de 57 diputados a 10. Y Albert Rivera, que sin apenas experiencia laboral pasó a formar parte de un prestigioso despacho de abogados del que lo expulsaron en poco tiempo por baja productividad. Con tales cimientos, no creo que el edificio de Ciudadanos aguante mucho.