Seis siglos antes de nuestra era, el territorio levantino de la Península Ibérica no formaba una entidad política común. La entonces llamada Iberia tampoco pertenecía a una única tribu, sino a varias. Sin embargo, ilercavones, Ilergetes, ositanos del Ebro y muchos más eran piezas de un sustrato común: el íbero. Como bien sabemos, las huellas íberas están muy presentes en el Bajo Aragón y las comarcas aledañas. Del Matarraña al Martín, del Guadalope al Algars, la presencia de este pueblo del este y sur peninsular, que desapareció paulatinamente tras la romanización, puede rastrearse ampliamente a través de despoblados y necrópolis unificados bajo el sello del Consorcio y la Ruta Íberos en el Bajo Aragón.
El CECBAC acudió esta semana a Maella para visitar los trabajos que se están llevando a cabo en el yacimiento arqueológico del Tosal Gord. Este tosal, tossal o cabezo, es un promontorio histórico situado a las afueras de la villa. Fue un emplazamiento construido por los íberos cuya ocupación continuó durante la romanización de Hispania, tal y como nos revela la cerámica localizada. Es uno de los yacimientos más importantes del Bajo Matarraña, del que todavía queda mucho por descubrir.
Ya conocido desde principios del siglo XX, el Tosal Gord fue parcialmente excavado en los años 50 y de nuevo un cuarto de siglo después, pero solo una parte de las estructuras quedó al descubierto. Ahora, gracias a la brillante iniciativa de un joven historiador de la localidad, ha comenzado una intervención arqueológica que pretende dignificar el yacimiento y promover las visitas al mismo. El objetivo final es crear un recorrido circular a través de las diferentes estructuras del cerro, formadas por elementos habitacionales, defensivos y de transformación. Aunque hará falta al menos una fase más para conseguir el propósito, en un futuro no muy lejano, el Tosal Gord, junto al Roquizal del Rullo de Fabara, en el que también se está trabajando, pasarán a formar parte del extenso catálogo monumental de yacimientos íberos recuperados en nuestro territorio.
Un gran privilegio —no del todo valorado— de nuestros pueblos es poder tomar un café en la plaza para acto seguido emprender un paseo que nos lleve, en pocos minutos, a nuestros montes. El Tosal, al igual que otros emplazamientos arqueológicos como el de San Antonio de Calaceite o El Cabo de Andorra, cuenta con la ventaja de estar localizado muy cerca del casco urbano. Se encuentra, además, en un paraje elevado con buenas vistas, cerca de la ermita de Santa Bárbara, donde se disfruta de una panorámica espectacular.
Habrá un par de jornadas de puertas abiertas próximamente y una visita escolar. Conseguir que los habitantes de un pueblo sintamos como muy nuestros los pequeños tesoros de nuestros términos municipales debe ser el camino a seguir.
No cabe más que felicitar al ayuntamiento de la villa por creer en la iniciativa, y sobre todo a Alex Porta, quien con solo 23 años ha sido capaz de promover la actuación. La actuación en el Tosal Gord es un ejemplo de buenas prácticas; si las instituciones no promueven acciones para poner en valor nuestra historia y patrimonio, debemos ser los vecinos quienes impulsemos este tipo de iniciativas. Con el patrocinio económico institucional y el impulso de la sociedad civil pueden conseguirse logros importantes en nuestros pueblos. Los romanos escribieron en sus emblemáticos estandartes Senatus populusque romanus (SPQR), es decir, el Senado y el pueblo romano unidos. Quizá en el Tosal Gord haya pronto que escribir a su entrada Senatus populusque maellanus.
Amadeo Barceló. Cuestiones bajoaragonesas - Presidente del Centro de Estudios Comarcales del Bajo Aragón Caspe (CECBAC)

