La rutina a veces nos lleva y los imprevistos nos arrebatan la calma, pero frente al calor de la ciudad y las ganas de hacer nada yo he vuelto recientemente a ir a clases de yoga. Este cambio en mi organización semanal ha supuesto sin duda una pequeña revolución. Cada vez que salgo de clase no puedo parar de pensar lo mismo: qué alegría haber acudido. Y para mí ese pensamiento es un triunfo. Muchas veces llego allí sin ganas, cansada de la jornada, y descubro a una Alicia capaz de sobreponerse y de destinar una hora a reconfortarse física y mentalmente. Hoy esta columna va únicamente de eso, de poner por escrito la importancia de encontrar una actividad, da igual cuál sea, que nos permita sentirnos libres de muchas cosas y presos de bien pocas. En mi caso, ya lo detecté durante mi época en Alcañiz, es el yoga. Durante mucho tiempo cada vez que probaba a practicar un nuevo deporte sentía que mi cuerpo era enemigo, pues me limitaba y no conseguía doblegarlo de ninguna forma. Esa frustración que sentía, muchas veces alentada por la competencia y la comparación que cada uno establecemos con quien nos parece, se esfumó la primera vez que asistí a una clase de yoga. Dejé de compararme para empezar a entenderme. Me sorprendió muchísimo como, lejos de fijarme en lo que no podía hacer y mis compañeros sí, me focalizaba en lo que sí estaba haciendo y en mejorar constantemente cada una de las posturas que lograba. Separarme durante una hora del teléfono, colocarme en la esterilla, respirar, retorcerme, estirarme y pensar únicamente en cómo hacerlo mejor me aleja de aquellas las cuestiones que podrían atormentarme. Regresar a esa sensación de sentirme aliada de mí misma, de mi cuerpo como parte indispensable, de aceptación durante la práctica y de agradecimiento constante ha sido una forma de encontrarme de nuevo. Mi nivel es muy bajo, pero lejos de desanimarme me genera interés por avanzar sin prisas y con mucha sorpresa hacia nuevos aprendizajes. Hace un tiempo leí ‘El sentido del asombro’, de Raquel Carson, pequeño libro que recomiendo. En él se habla de una forma peculiar de descubrir el mundo, la vía del asombro, del entusiasmo, la sorpresa y el interés por experimentar y conocer siempre más sobre cualquier cosa. Es la que sin duda os animo a elegir.
Alicia Martín. A quien quiera leer

