Acabo de terminar Holly de Stephen King y me ha venido a la cabeza una reflexión morbosa, pero fascinante: ¿por qué nos horroriza más la idea de comer carne humana que la harina de insectos que la Unión Europea acaba de autorizar? Y es que, desde enero de 2025, el polvo de larvas de gusano de la harina ya puede venderse legalmente en productos de panadería, pasta y galletas. Eso sí, tendrán que advertirlo en el etiquetado, como los alimentos sin gluten o los veganos.

La paradoja es deliciosa, nunca mejor dicho: consumir carne humana no es técnicamente delito en la mayoría de los países occidentales, pero conseguirla sí lo es por las leyes contra profanación de cadáveres. Los insectos, en cambio, se crían en granjas especializadas y no tardarán en llegar a nuestros platos con todas las bendiciones sanitarias europeas.

Hannibal Lecter se regodearía con la ironía. Mientras él servía hígado con habas y un buen Chianti, nosotros debatimos si aceptar grillos domésticos en el desayuno.

Pero aquí viene lo verdaderamente inquietante: según estudios publicados en Scientific Reports, la carne humana es nutricionalmente decepcionante. Un humano de 65 kilos aporta apenas 125.000 calorías, con solo 1.300 calorías por kilo de músculo. Para ponerlo en perspectiva, un mamut alimentaba a 25 personas durante dos meses; un humano, apenas un día. Desgraciadamente, no somos ni de lejos cardiosaludables según los parámetros de la OMS.

De acuerdo, nuestros ancestros practicaban el canibalismo ritual antes del cristianismo. Pero era un acto sagrado, no nutricional. Y muchas culturas ajenas a la moral occidental aún lo consideran ceremonial, no tabú. Aunque se va desterrando. El canibalismo conlleva riesgos graves: por ejemplo, la enfermedad de Kuru, causada por priones que sobreviven al cocinado, devastó a la tribu Fore de Papua Nueva Guinea.

Así que tranquilos: según la ciencia, no somos una opción viable para paliar el hambre mundial. Seríamos, básicamente, grasa con patas, poco proteicos y potencialmente letales. Claro que, todo mejora con patatas fritas, ¿verdad?

¿La solución del futuro? Quizá criar humanos en laboratorio para consumo específico. No sé si los guionistas de Black Mirror le han dado ya una vuelta a la idea. O simplemente aceptar que, entre harina de cucaracha y carne humana, los insectos ganan por goleada: más proteínas, menos enfermedades, y legislación europea a favor.

El futuro de la alimentación está servido. ¿Cuál prefieres?

Miguel Gardeta. No puedo callar