Los expertos lingüistas no dejan de repetirnos que es más conveniente emplear palabras patrias antes que otras en otro idioma, siempre que existan, claro. No debemos convertirnos en runners, sino en corredores, ni salir a jugar al basket cuando podemos quedar con los amigos para jugar al baloncesto. Y, por encima de todo, no hagamos las cosas random, por favor, que aleatorio suena mucho mejor.
Aunque el tema da para tres o cuatro entregas, y no prometo nada, hoy quiero hablar de las grandes olvidadas, y mal empleadas, de nuestro idioma: las comillas. Antes de nada, absténgase de seguir quien hace el gesto con los dedos.
Han sido relegadas a «símbolo especial» en el procesador de textos. Si quieres encontrarlas en el teclado de tu ordenador, tienes que descargarte un tutorial y, por supuesto, ni lo intentes en el «Guasap», porque no están ni se las espera.
Creo que fue Lázaro Carreter en El dardo en la palabra quien hablaba de todas estas cosas interesantes. Nos hemos acostumbrado a las comillas inglesas, las que se ponen por arriba, y tanto es así que incluso el, odiado por mí, gesto de entrecomillar lo hacemos con ellas. Yo mismo he intentado alguna vez modificar el ademán para asemejarlo a las españolas, pero queda extraño y la gente no termina de entenderlo.
Mientras me decidía a escribir esto, pensaba: «¿Tan malo es usar unas u otras si el fin de los idiomas es "la comunicación caiga quien caiga"?». Pero luego recordé a todos mis profesores, cómo se esforzaron para que yo terminara hablando y escribiendo con corrección, y llegué a la conclusión de que merece la pena, como decía uno de ellos, «romper una lanza en favor de la lengua».
Tal vez esté siendo algo «exagerado» con este asunto. Quizá la comunidad anglosajona no nos esté menospreciando al no incorporar el símbolo en sus aplicaciones a nivel mundial. Sin embargo, conociendo los antecedentes de nuestras relaciones internacionales, no me extrañaría nada que formara parte de la leyenda negra que todavía pervive en algunas cabezas, y no solo «en la pérfida Albión», ojo.
Así que, desde estas líneas, invito a que dejemos de hacer zapping y empecemos a cambiar de canal, y no solo figuradamente. Ya es hora de enorgullecerse de lo que tenemos en casa. Entre ello, nuestras comillas, las españolas, las de siempre, «las espigas». Y añado: «Dejemos las inglesas para "asuntos secundarios"».
Miguel Gardeta.

