No quejarse demasiado de los políticos, por favor. De no existir el poder político, viviríamos en lo que mi admirada Victoria Camps y otros filósofos han llamado el estado de la naturaleza. Significaría la guerra de todos contra todos. Aunque en el panorama actual no lo parezca, la función de los poderes públicos es armonizar, sosegar y poner en orden los impulsos de la gente.
Este fin de semana lo he dedicado a la lectura de esta conocida catedrática de ética, empezando por releer su libro «El malestar de la vida pública», editado en el año 1996, y al hojearlo compruebo que tengo subrayadas gran cantidad de frases, pensamientos, párrafos más que relevantes a mi juicio de entonces, y veo que 30 años después hemos cambiado muy poco.
¿Alguien puede dudar de lo que indica en su primer capítulo?: La izquierda se caracteriza por defender un intervencionismo económico y un liberalismo político; la derecha, en cambio, defiende lo contrario: liberalismo económico y conservadurismo político cultural.
Dice, ya hace 30 años, que "la derecha civilizada ha hecho suyas las mayores conquistas de la izquierda: el estado del bienestar, la ecología, el feminismo… y que la izquierda retiene los valores progresistas: libertad, solidaridad, igualdad… pero no se da cuenta que los problemas ya no son lo que fueron cuando todo se reducía a la lucha de clases o a la propiedad de los medios de producción".
Los desafueros del gigante americano y las incertidumbres de la economía mundial hacen pensar que la realidad supera a los fundamentos ideológicos y que es necesario, como indica Victoria Camps en su último libro «La sociedad de la desconfianza», recuperar la confianza en un mundo con dimensión moral de la política y la vida cotidiana. Estamos condicionados por la era de la información, de la comunicación, pero la información se va alejando del conocimiento y este de la sabiduría.
Solo reflexionando sobre el primer capítulo ya se me ha pasado el sábado. Lo reconozco, estoy anticuado, pero voy descubriendo de dónde me viene ser como soy: Confío en un mundo mejor, más justo, igualitario y solidario. Pido perdón. ¡Ah, el valor de la lectura! Lean, lean.
Miguel Caballú

