El otro día recordé dos películas muy buenas, de época similar, que hablaban de la importancia de revisar las estanterías de la gente en su casa. Nos dicen mucho de las personas que la habitan. Comprobar la biblioteca privada de alguien, como decían en Notting Hill, es como «asomarse» a su alma. Y lo mismo ocurre con la colección de discos, decían en Alta fidelidad. Entonces, ¿qué nos dice la estantería de María Pombo? Esta influencer española está acostumbrada a bailar entre la polémica y sus millones de seguidores, pero ahora el tema es más serio, al menos para mí.
El otro día publicó un vídeo admitiendo que no le gusta leer, y que quienes lo hacen no son mejores personas. Y sí, tiene razón en parte: leer no te convierte automáticamente en alguien superior. Pero reducir la lectura a un simple hobby opcional, a la altura de hacer pilates o coleccionar sombreros, es banalizar uno de los actos que más ensanchan el pensamiento humano.
Cada vez me parecen más peligrosos los influencers, o vamos a decir algunos (muchos) influencers. Confieso que sigo a María Pombo y he disfrutado con sus house tours de Madrid y Cantabria. Tiene unas casas preciosas, luminosas y cuidadas al detalle. Sin embargo, cuando las vi, eché de menos algo que para mí es imprescindible en cualquier hogar: una estantería rebosante de libros. Los objetos decoran, sí, pero los libros habitan. Y una casa sin libros es como un cuerpo sin alma.
En una de sus últimas publicaciones, ella ha recibido muchos comentarios de sus seguidores criticando que en lugar de ejemplares escritos y novelas hubiera jarrones, fotos y esos terribles «libros» falsos de atrezzo que sirven para decorar. Su respuesta fue tajante: «hay que superarlo, no a todo el mundo le gusta leer».
Y aquí está el problema. Porque María Pombo no es una amiga en un café, es un altavoz con más de tres millones de seguidores, muchos de ellos jóvenes que la ven como un ejemplo a seguir. Lo que dice pesa, influye y cala. Restar valor a la lectura desde esa posición es, como mínimo, irresponsable.
Leer no te convierte en mejor que los demás, pero sí en una mejor versión de ti mismo. Te abre mundos, despierta la empatía, te enseña a comprender matices. Te hace humano, responsable, crítico. Cuanto menos leemos, menos entendemos; y cuanto menos entendemos, más fácil es manipularnos. Es importante recordar que la ignorancia siempre ha sido la mejor aliada del poder.
Por eso me preocupa. Porque lo que parece una anécdota en Instagram refleja una tendencia: tristemente, vivimos en un mundo donde la estética importa más que el contenido, donde se mide la valía por seguidores y no por calidad humana o artística. Y, de nuevo, quizá haya quien piense que exagero, pero yo lo tengo claro: los jarrones decoran, los libros nos transforman. Y sin transformación, ¿qué nos queda?
Laura Quílez. En busca del tiempo perdido

