El 9 de mayo celebramos el Día de Europa, una jornada que va mucho más allá de una efeméride institucional. Es un momento para reflexionar sobre el camino recorrido por la Unión Europea, sobre su presente y, especialmente, sobre los retos que enfrentamos como ciudadanos europeos. Desde el enlace de información Europe Direct Maestrazgo, asentado desde hace 30 años en el medio rural de Aragón, esta fecha cobra una dimensión especial, porque con la gestión del programa LEADER y otras ayudas europeas aquí se vive de forma directa cómo la UE transforma territorios, impulsa oportunidades y vertebra un proyecto común que, a pesar de sus desafíos, sigue siendo único en el mundo.

La historia nos recuerda que la unidad europea nació de las ruinas de una guerra devastadora. 75 años después de la Declaración Schuman, el proyecto europeo se enfrenta a nuevos tipos de amenazas que requieren unidad, visión y audacia. En un contexto geopolítico marcado por tensiones internacionales, la necesidad de reforzar nuestra seguridad y avanzar hacia un rearme coordinado no responde a una lógica bélica, sino a una voluntad de defensa autónoma, solidaria y creíble. La paz, pilar fundacional de la UE, hoy requiere capacidad de disuasión y una cooperación más estrecha en materia de defensa.

A su vez, el interés por el desarrollo autónomo europeo de la inteligencia artificial abre un horizonte tan prometedor como incierto. La UE ha dado pasos pioneros con la aprobación del primer marco legislativo sobre IA, con el objetivo de garantizar que su desarrollo esté alineado con los valores europeos: respeto a los derechos humanos, privacidad, no discriminación y transparencia. La transformación digital es imparable, pero debe ser justa, ética y accesible también para el mundo rural, que no puede quedarse atrás en esta revolución tecnológica.

La agenda política de la nueva Comisión Europea se ha centrado en temas clave como el Pacto Verde, la autonomía estratégica, la cohesión social y territorial, la transición energética y el fortalecimiento de la democracia. Para regiones como Aragón, y especialmente sus zonas rurales, estas políticas no son teóricas: se traducen en fondos de desarrollo rural, infraestructuras, programas de innovación agrícola y oportunidades para los jóvenes emprendedores que deciden quedarse o volver al territorio.

Este 2025 será también un año de especial simbolismo para España: el 12 de junio se cumplen 40 años de la firma del Tratado de Adhesión a la Comunidad Económica Europea. En cuatro décadas, nuestro país ha experimentado una profunda transformación. La pertenencia a la UE ha supuesto modernización, internacionalización, desarrollo económico y mejoras tangibles en la calidad de vida. España pasó de ser un receptor neto de ayudas a ser un actor influyente en la toma de decisiones europeas. Infraestructuras, educación, medio ambiente, igualdad, investigación: pocas áreas han quedado al margen del impulso europeo.

En el medio rural aragonés, la UE se ha hecho visible en caminos, regadíos, ayudas a pymes, formación agraria, proyectos de cooperación y dinamización cultural. Pero, más allá de los fondos, Europa ha traído una visión de futuro. Nos ha enseñado que los retos locales tienen soluciones comunes, y que la diversidad —lingüística, cultural, económica— no es una barrera, sino una riqueza que se protege y se potencia.

«Unidos en la diversidad» no es solo un lema. Es la esencia misma de la UE. En tiempos de polarización, de incertidumbre y de discursos simplistas, el proyecto europeo sigue apostando por el consenso, el diálogo y la cooperación como herramientas de transformación. Para seguir siendo relevante, la Unión debe seguir acercándose a las personas, también a quienes viven en entornos rurales. Desde aquí, desde Molinos, en Teruel, Aragón, seguiremos construyendo Europa cada día, con orgullo, con espíritu crítico y con la convicción de que este proyecto merece la pena.

José Manuel Salvador. Europe Direct Maestrazgo