Se acaba de hacer público el análisis del Real Instituto Elcano sobre «Inmigración y mercado de trabajo en España». Habla de un bajo nivel educativo de las segundas generaciones: solo el 39% supera la enseñanza secundaria obligatoria. Uno de cada tres alumnos -el 33%- abandona el colegio antes de tiempo. La falta de formación conlleva el riesgo de no llegar a integrarse en el mercado laboral y sin empleo no hay integración social.
Esta segunda generación representa más del 25% de la población infantil aragonesa. En el informe de la Fundación Basilio Paraíso sobre las segundas generaciones de inmigrantes en Aragón, se apuntaba algún dato comparativo menos negativo que en el informe del Instituto Elcano. Cuentan con una repetición educativa alta -28%-, pero el abandono educativo, según las conclusiones de este informe, es muy semejante al de la población nativa.
Que el abandono sea similar al de los nativos no debe servir de consuelo. Según los datos de la EPA - Encuesta de Población Activa, hay en nuestra Comunidad 25.114 jóvenes entre los 16 y los 29 años que ni estudian ni trabajan, y ahí están incluidos todos, con independencia de su origen. Suponen el 13,43% de los parados de Aragón. Un 59% de ellos tiene un nivel de formación inferior a la segunda etapa de la ESO.
Es preciso afrontar con políticas decididas la situación de las segundas generaciones de inmigrantes. Basta contemplar el panorama en Francia para que este objetivo ocupe un puesto destacado en las prioridades políticas.
Se debe ir al origen del problema. Las autoridades deben exigir el cumplimiento de la legalidad, poniendo freno a la explotación por mafias o por empresarios indeseables. Hace unos días, recogía Heraldo unas declaraciones de Alberto Ares, director del Servicio Jesuita a Refugiados, en el sentido de que es preciso que Europa reconozca la necesidad de inmigración en un continente envejecido. Añade que hay que priorizar la migración laboral regular y desarrollar programas de gran escala que satisfagan las necesidades del mercado laboral.
Carlos Sauras. Sobre el papel

