Otra vez más ante la nueva visita de la ministra, podemos seguir rellenando el álbum de fotos de las promesas incumplidas, lustrosos todos y todas, seguro que no faltó alguna comilona o vermut digno de tan glorioso festín del regodeo y la sepultura.

Se han sucedido reclamos, quejas, promesas, visitas, fotos y más fotos. Teresa Ribero, aunque algunos la ponen como el centro de la diana, me parece injusto, pues en buena parte se está comiendo el pastel generado por sus antecesores en los ministerios y por sindicatos, gobiernos y partidos que firmaron las sentencias de muerte sin garantías de futura resurrección. En su anterior visita su rostro cariacontecido denotaba su sorpresa ante el recibimiento, en esta ocasión se puede interpretar como acto electoral según algunos o como no haberse escondido según otros. Más allá de nuestros pareceres, me parece menos responsable de la situación que muchos de los que se sentaron a escucharla entre los que estaban los del no al cierre, los que van de partido en partido o los que catedráticos del verbo engañar, que si saben bien la cantidad de negligencias y mentiras que han soltado con la ligereza propia del carajillero medio que dicta sentencias desde la barra del bar.

La ministra no nos va a traer nada distinto al político medio que llevamos padeciendo desde ni se sabe. El juego de cifras, números de puestos de trabajo o millones de inversión se convirtió hace mucho en una ruleta de la suerte macabra en la que solo se puede ganar el día en que algo de lo dicho se convierta en verdad. A día de hoy, aparte de la elaboración enciclopedia de la mentira que ha encontrado en Andorra a sus mejores colaboradores, que apenas está generando trabajo para unos poquitos, los otros dos proyectos en marcha son las renovables y sus interminables placas cuyo futuro es muy difícil y el desmantelamiento, paradoja tenebrosa que el futuro a corto plazo pase por deshacer. Desmantelamiento que es una sucesión de despropósitos, recomiendo escuchar a alguno de los trabajadores porque lo que se cuenta es una falta de organización y de vergüenza nunca antes vista y hablamos de un lugar donde ha pasado cada encargado que telita, ladrones, explotadores, chulos de manual o golfos, pero al parecer todo parece poca cosa en comparación a la actualidad.

Así que ese es, por ahora, el plan y no tiene visos de mejorar a corto plazo, seguiremos esperando buenas nuevas, pero la evolución del enfermito pudiéramos concluir, no es del todo favorable. El pronóstico es que aún hay vida y puede seguir habiéndola, como suelo decir, pero sobran fotos y sigue faltando lo mismo de siempre. Las elecciones del próximo año traerán más fotos para el álbum y más paginas para la enciclopedia, pero lo importante de verdad no sabemos si lo verán nuestros ojos o nos harán creer que lo ven.

Víctor Puch. Sal en la herida