Hay preguntas que pesan más de lo que aparentan porque, en el fondo, no buscan una respuesta, sino confirmar una sospecha. ¿Hay alguien ahí? No es solo el lema de una manifestación, es el grito de quien golpea una puerta en un pasillo vacío. Es la pregunta que se hace el médico ante un consultorio cerrado, el vecino sin cobertura o el anciano que mira una parada de autobús donde la maleza ya ha borrado el horario. Es la síntesis de una deuda que no se paga con promesas, se paga con presencia.
El Movimiento de Acción Rural (el MAR, con esa sonoridad de orilla que tanto nos falta) ha iniciado una gira por las diez capitales comarcales que recuerda a las antiguas juntas de la Comunidad de Teruel. En el siglo XIV, nuestros antepasados no esperaban sentados a que las soluciones llegaran de la Corte; se organizaban, se confederaban y recordaban al rey que el territorio solo es suyo si es capaz de protegerlo. Hoy, en pleno siglo XXI, el MAR recoge ese testigo medieval para recordarnos que la dignidad no entiende de fronteras administrativas entre Alcañiz, Montalbán o Valderrobres.
Mientras el discurso oficial se llena de palabras como resiliencia o sostenibilidad, la realidad nos arroja cifras que parecen sacadas de una crónica de guerra. Teruel es hoy la capital de provincia menos poblada de España y tres de cada cuatro de nuestros pueblos agonizan en un riesgo demográfico grave. En la Serranía de Montalbán, la densidad de población es de 4 habitantes por kilómetro cuadrado. Para que nos entendamos, la sabana africana está más concurrida que el corazón de nuestra provincia. No es un proceso natural de modernidad; es un repliegue táctico del Estado, una rendición institucional que deja el mapa a merced del silencio.
Las seis reivindicaciones del MAR (médicos, escuelas, guardias civiles, transporte, internet y el reconocimiento de los bares de pueblo como servicio social esencial) no son una carta a los Reyes Magos. Son el inventario de lo que cualquier ciudadano considera básico para no sentirse un náufrago en su propia tierra. Especialmente sangrante es lo del bar del pueblo. En muchos de nuestros municipios, cuando baja la persiana el último bar, no se cierra un negocio, se clausura la última ágora, el único lugar donde la palabra todavía derrota a la soledad.
Existe una trampa perversa en presentar la despoblación como una libre elección individual. Nadie abandona lo que ama si tiene los medios para quedarse. La gente no se va de los pueblos; la echan cuando el pediatra está a una hora de coche o cuando la empresa no puede facturar porque la fibra óptica es todavía un relato de ciencia ficción. Los pueblos no mueren solos, los dejamos morir por inanición de servicios.
El próximo 30 de mayo en Montalbán, tras recorrer las diez comarcas desde el Matarraña hasta Albarracín, el ruido de las pancartas intentará romper ese muro de cristal que separa los despachos de la tierra. No buscamos la condescendencia del político que baja en campaña a estrechar manos con olor a ternasco, sino el compromiso de quien entiende que el este del kilómetro cero también paga impuestos y también genera futuro.
¿Hay alguien ahí? La pregunta va dirigida a Madrid y a Zaragoza, a quienes deciden desde un monitor qué territorios son viables y cuáles son prescindibles. El 30 de mayo será una respuesta contundente. Porque, como bien sabe el MAR, no se trata de pedir lástima, sino de exigir justicia.
Revisado a partir del documento aportado.
Jorge Herrero. Papel y pixel


Cuando veo a los de mi pueblo discutir en el bar de política y de lo que hace bien o mal el Ayuntamiento, lo entiendo casi todo.
Los habladores, votan como votan, a veces sin leerse un solo programa y en contra del que se presenta y les cae mal, además de que, no se les conoce que jamás hayan hecho algo por el pueblo, ni idea que llevan. Estos están aquí, pero como aquel al que preguntaron si estaba su padre y contesto, «si, pero borracho». Y los que tenían que estar, pero ni están, ni se les espera, ni idea que llevan de venir, espérenlos cuatro años, esperen sus mentiras, vuélvanlos a votar y vuelvan a preguntar donde están.
Mas pescadilla.