Desde hace un par de semanas la imagen más repetida en los medios de comunicación es la de un serio y convincente doctor con altas responsabilidades sanitarias en España que nos pone al día de la extraordinaria y misteriosa cuestión del virus coronado. La gente conoce su cara y su voz pero pocos conocen su nombre. La gente, me consta, le llama «el hombre del jersey» y no hace falta decir el por qué. Otra vez el hombre del jersey, dicen los televidentes preocupados por la epidemia de coronavirus. Es cierto, el hombre del jersey es protagonista de todos los telediarios e informaciones que se refieren a esta trágica infección que no se le encuentra la manera de frenarla. Los números sobre afectados forman una especie de competición entre países, cuyos infectados crecen y crecen cada día, y a cuyas listas se incorporan países nuevos. Acongoja ver las estadísticas de afectados hacia arriba sin puerto de destino y las estadísticas de la bolsa hacia abajo con tendencia a bajar a lo más profundo del pozo financiero. La congoja es aliviada un poco por el hombre del jersey con su cara de buena persona, el tono amable, la voz quebrada, el espíritu sosegado y sus palabras acertadas y relajantes.

Pues bien, el hombre del jersey es una persona que desde niño, el siglo pasado, pasa sus veranos en la Urbanización de Pescadores de Caspe en una casa familiar en la que llevamos décadas viendo disfrutar a padres, sus seis hermanos, y sobrinos en los tórridos meses de verano. Los amigos recordamos con especial afecto también a sus abuelos, todo un ejemplo de dedicación familiar. Es normal ver todos los días en la piscina haciendo largos sin parar al hombre del jersey, sin jersey, claro. Tampoco es raro verlo en el pueblo refrescando en El Maravilla o en La Divina Comedia. El Dr. Simón, el hombre del jersey, se llama Fernando Simón Soria y es reconfortante que cargue las pilas para desempeñar su delicado trabajo en este Bajo Aragón de nuestros anhelos y pesares. Supongo que también se dará algún paseo en barco por el Mar de Aragón. Entre tanto océano informativo, que pilote Fernando es una tranquilidad. Que navegue Fernando entre tanta inseguridad, es una seguridad.

Miguel Caballú