Es cierto que hemos perdido mucho del contacto con la Madre Naturaleza. Tanto que ya no sabemos predecir el tiempo en base a las señales y los sutiles cambios en meteorológicos. Tanto que ya no nos regimos en realidad por esa relación perpetua con lo que nos rodea, sino que hemos pasado a crearnos otra realidad dominada por calendarios administrativos, festivos y comerciales.

Sin embargo es bonito pararse a veces en medio de la calle, aspirar el aire templado y húmedo y pensar que el cambio de estación ya está en marcha hace días. Que las hojas de las moreras ya apuntan, aunque parezcan imperceptibles, a menos que estemos encima, y que ese mirlo que vive en los árboles que hay en un tramo de mi camino al trabajo anda ya enamorado y llena todo con su canto, aunque haya niebla por las mañanas. Me gustan esas pequeñas sensaciones, preludio, como digo, del tiempo cálido de los días largos.

Y entrando en marzo, pronto será la celebración del Día de la Mujer. Lo he dicho otros años, por estas mismas fechas. Más que conmemoraciones, manifestaciones y actos varios, quizá sea importante poner el foco en una igualdad entre sexos que sea tan auténtica que no haga falta conmemorarla, ni reivindicarla. Tal vez sea porque siempre he considerado que mujer y hombre son complementarios pero equivalentes, y he tenido la suerte de vivir en un entorno familiar donde esa igualdad ha estado presente siempre.

Sin embargo, la realidad ahí fuera es en muchos casos tremendamente distinta de eso que he tenido la suerte de vivir en mi casa. Y por eso a veces insisto en que la percepción de la realidad es algo siempre altamente subjetivo. En mi modesta opinión no es bueno el revanchismo. De ahí que no entienda los radicalismos que tanto campan estos días que nos tocan. Dicen que el feminismo clama por la igualdad. Si así es, bienvenido sea. Pero de ahí a ciertas consideraciones que se escuchan tantas y tantas veces va un trecho.

Y es que las posturas más radicales tanto en un sentido como en el contrario terminan pareciéndose peligrosamente. La inteligencia, la capacidad y la bondad son algo que va con el individuo. No con el sexo. Y tantas diferencias o más puede haber entre dos mujeres o dos hombres que entre un hombre y una mujer. Por ello considero que vale más predicar con el ejemplo que nada y precisamente no intentar fomentar las desigualdades siquiera sea indirecta o involuntariamente.

Sin embargo sí que me parece llamativo que algunos de los grupos políticos que tanto dicen defender a la mujer y sus derechos, apoyen, sin embargo regimenes políticos donde a la mujer se le da menos valor que al ganado y se considera tan solo una especie de vientre que sirve para tener hijos con los que poblar Europa. Supongo que eso es lo que algunos convienen en llamar «cabalgar las contradicciones», eufemismo éste que se aplica cada vez que uno se queda absolutamente sin argumentos para justificar sus caóticas políticas.

Pero bueno, eso es otra historia y lo importante es que poco a poco, con el respeto del que carecen los gamberros que tiran adoquines por las calles y asaltan y destruyen los comercios, vayamos avanzando en la conquista de derechos, pero no para un sexo ni otro, ni para unas nacionalidades con respecto a otras, sino para todos. Y en ese sentido, aunque hay camino avanzado, queda mucho trecho por delante. Feliz semana y a más ver.

Álvaro Clavero