Creo que a nadie se le escapa que todo lo que gasta el Estado (sanidad-farmacia, educación, servicios sociales, seguridad, administración, inversiones, etc., etc.) se paga con los impuestos recaudados. Tampoco se nos escapa que en este país como en los otros, la riqueza se reparte de manera muy desigual entre grandes fortunas, millonarios, rentistas, trabajadores con buen sueldo, mileuristas y trabajadores a sueldo mínimo. A título de ejemplo, si no hubiese sanidad pública-farmacia ni educación pública, o estas fuesen de menor calidad, lógicamente se necesitarían menos impuestos. ¿Las suprimimos? Por qué no. Hay mucha gente que por lo visto solo utiliza, en estos casos, los servicios privados. De la misma manera podríamos cuestionar las necesidades de carreteras, autovías e inversiones en general de nuestras Comunidades. Pero estamos en una democracia y mandan las mayorías. El Estado, lo tiene que decidir. Por lo tanto los ciudadanos lo primero que tenemos que tener claro es si los servicios que ofrece el Estado nos los podríamos pagar individualmente. Pregunta simple: ¿Yo, mi esposa y mis hijos, con nuestros sueldos actuales, podemos pagarnos de manera privada estos servicios para nosotros mismos y para los nietos que vengan? Cada uno que se responda. Evidentemente es lícito posicionarse. Y así una vez que el Estado, que somos todos, determine las prestaciones que sus ciudadanos demandan (a través de referéndum y Constitución) tendrá, mediante el gobierno de turno al que habremos elegido también con nuestros votos, que establecer quién y en qué cuantía paga los impuestos necesarios. Parte de los impuestos se pagan en un tanto por ciento sobre los ingresos registrados. ¿Este tanto por ciento ha de ser igual o progresivo según los ingresos? Aquí también nos tendremos que posicionar para elegir el gobierno que defienda nuestro interés y establezca la escala progresiva adecuada. Según nuestra posición en la percepción de ingresos nos interesará que el incremento progresivo de esta escala sea mayor o menor. Esta es la base sobre el sistema de redistribución social de la riqueza. Llegados aquí hay que recordar que la posibilidad de enriquecerse, o simplemente ganar más dinero, estimula el trabajo y la actividad económica, pero hasta el Papa nos recuerda que es pecado mortal enriquecerse a costa del trabajo de los demás. Y, de la misma manera, cualquier economista nos asegurará que con las actuales relaciones económicas la riqueza no se distribuye de manera justa entre capital y trabajo. Por tanto, solamente con la gestión adecuada de los impuestos y con la contraprestación de unos buenos servicios públicos se pueden enderezar las crecientes desigualdades económicas de la sociedad actual. A la hora de ir a votar, a mí particularmente, no me sirve el que los partidos prediquen que van a bajar los impuestos. Necesito saber a quién se los van a bajar y en qué proporción, y cómo van a mantener los servicios que yo demando para mí, mi familia y mi comunidad. A partir de aquí podré posicionarme y votar.