Soy hijo de la digitalización. No es un anhelo ni tampoco un lamento, es una pelota que rebota en el cristal y que te da la opción de acompañar su movimiento o quedarte atrás.

Sin embargo, hay ciertas prácticas recientes que, incentivadas por un capitalismo atroz, me han puesto en alerta o, como poco, con la mosca detrás de la oreja. Sony, un gigante de varios sectores como el de los videojuegos, anunció hace unas semanas su intención de eliminar los discos a partir de enero de 2028. Quien más y quien menos ha tenido en sus manos alguno de ellos, ha escrito un título curvo en su superficie o ha revisado si sufría un arañazo tan severo como para que no se reprodujera su contenido. Pero esta columna no se dirigirá hacia la nostalgia.

Por una vez, querría ir más allá, pensar incluso como periodista y reflexionar sobre las razones que han empujado a los dirigentes a tomar esta decisión. Por supuesto, no me refiero a las tres obviedades que dictan en su nota de prensa, sino a aquellas cuestiones con el valor suficiente como para ponerles en un aprieto. Los ojos no mienten.

Que los discos de Sony pasen a mejor vida no tendrá que ver con la aparición de otro artefacto físico como sufrió el VHS, sino con un concepto tan volátil como mágico: los precios dinámicos. Cuando el ser humano pierde elementos tangibles se siente confuso y perdido, una presa ignorante y cuantificable para el salvaje mercado occidental.

Dicho de otra forma, Von der Leyen y compañía van a tener que esmerarse con las leyes si pretenden poner coto a la caza de ricos que va a significar cobrar cinco euros más a Jaime de Cáceres que a Manuel de Salamanca por el mismo juego. ¿La diferencia? Sony recopiló una cookie de interés del extremeño por un foro en el que entró en 2022.

La cosa es que tiros pegados llevamos todos. Y de la misma forma que los vuelos de un avión ante la duda fluctúan en contra del consumidor, la desaparición de un disco que valía 65 euros provocará que, con el tiempo, el usuario se sienta psicológicamente tranquilo por haberlo pillado ‘digital’ a 68 euros, siendo que lo llegó a ver a 72 la tarde del día anterior.

Las grandes corporaciones no quieren engañarte, sino hacerte creer que tu gestión de su producto ha sido lo suficientemente buena como para calmar la sed inquisitiva de tu conciencia.

Rubén G. Bielsa