Desde hace años organizaciones de cooperación internacional alertan de que las mejores tierras de cultivo en algunos países de África y de Asia las están comprando capitales extranjeros, en buena parte chinos. Un riesgo para el futuro de la alimentación en esos países. Salvando las distancias, en Aragón, mientras se reduce el número de agricultores, aumenta el peso de los fondos extranjeros de inversión y de inversores de comunidades autónomas vecinas.

A los protagonistas del sector agrario y ganadero aragonés les preocupa mucho su futuro. Las políticas europeas, por ejemplo, el acuerdo alcanzado con Mercosur, así como la carencia de políticas nacionales eficaces han contribuido a fomentar esa desconfianza. Es necesario que se incorporen jóvenes trabajadores, así como incrementar el apoyo a las explotaciones familiares agrarias y ganaderas. Solo el 18% de la renta agraria es atribuible al modelo familiar.

En apenas siete años hay 1.896 cotizantes menos en la seguridad social agraria. Quedan en el sector unos 17.000 cotizantes. Son cada vez menos y más mayores. En 2025 Aragón perdió 385 agricultores, un año que fue de buenas producciones, pero con precios de ruina, especialmente en el campo cerealista, cuyo futuro contemplan con gran pesimismo, como recogía el sindicato agrario UAGA.

Según UAGA, los fondos ocupan cada vez más superficie en cultivos de alto valor añadido y en tierras con regadíos modernizados, según UAGA. Se puede ver el avance impresionante del cultivo del almendro y del pistacho. Los fondos y los inversores han encontrado aquí bajos precios y agua para regar. Pero la disposición de fondos e inversores es similar a la de aquellos que adquieren empresas que en su origen fueron puestas en marcha por gente local. Es posible que en algunos casos sea la salvación económica de la actividad, pero está claro que lo único que les animará a permanecer será la rentabilidad.

Carlos Sauras