La RAE predica que la grafía correcta en castellano de esta palabra del título, sería «caquistocracia». Aunque aún no ha sido integrada en el diccionario, sospecho que pronto lo será de la mano de los Trump, Orban, Milei, Bolsonaro, Putin y demás camarilla de la que apenas se libra algún país, incluido el nuestro. Prefiero la voz «Kakistocracia» por sus dos «K» seguidas que nos da una metáfora de su posible carácter.

Kakistocracia, en griego el «peor» (kakistos) y»kratos» (gobierno) es un término con el que se designa a un Ejecutivo formado por algunos de los más ineptos, incompetentes, corruptos, deshonestos y cínicos miembros de una sociedad determinada. En la cultura capitalista neoliberal, que nos invade y aflige, ya se ha dado el primer gran éxito sonado y estrafalario: la victoria de Trump en las elecciones norteamericanas y el «capitalismo de amiguetes» que comienza a ser la marca de fábrica de la nueva tendencia del poder político, convenientemente lleno de «infiltrados» millonarios y de «lobbies» dedicados a servir al que mejor les paga y el que más les consiente sus maniobras centradas en el propio beneficio en torno al mantra de moda: las leyes del mercado. Trump ha entrado en la política socio-económica del gran país como un elefante loco suelto en una fábrica de porcelana y se ha apresurado a rodearse de sus «fieles» más poderosos, Musk, Stephen Miller (experto en purgas de inmigrantes) y economistas que llevaran la política de aranceles al mercado del «do ut des», yo te doy para que tú me des. Es decir cobrar en especies por bajar o eliminar aranceles ¿Cuánto aportaste o vas a aportar al erario republicano?, por ejemplo. Y eso promovido por un magnate que presume de lo inteligente que es por saber evadir impuestos.

Dicen los expertos en macroeconomía que los regímenes populistas afectados del «amiguismo» sufren una penalización del crecimiento de un punto porcentual cada año. ¿Creen ustedes que eso les importa muchos a esos caballeros? Lo que significa es que los poderes fácticos, las grandes empresas tecnológicas multinacionales se han quitado las caretas. No sólo son el «poder en la sombra» que sostiene a los políticos, sino que ya empiezan a sustituirlos. La «infocalipsis» comienza a aparecer en el horizonte: Musk («Tesla» «SpaceX», «Open AI»), Peter Thiel («Paypal») o Vivek Ramaswamy («Roivant Sciences», fármacos, inversiones), han sido encargados de aumentar la «eficiencia gubernamental», usando sus «superpoderes» tecnológicos, lo que incrementará sus negocios personales, fortalecerá la desinformación y los bulos y posiblemente creará una casta gobernante regida por la eficacia del despotismo que genera el reinado de los «bits». Las reglas que rigen los grandes negocios en muchos países se alejan de las prácticas éticas y del bien común. Es el signo de estos tiempos.

Alberto Díaz Rueda. LOGOI