Mientras escribo estas líneas nos encontramos al borde de las vacaciones y al borde de la legislatura.
Así que pónganse sus mejores joyas y disfruten de un verano que puede durar de 3 meses a 24 años, dependiendo de la condena.
En mi caso son vacaciones porque acabo de finalizar un máster en Economía Internacional y Desarrollo. Y, en honor a la coherencia, he presentado un trabajo final que trata de economía local y modelos de ciudad rural.
De tal manera que no reiteremos tanto lo reiterado, que si Sánchez esto o Feijóo aquello, y aprovechemos que se han cerrado ya todos los gobiernos regionales del recambio para hablar de la ciudad que queremos en el medio rural.
La ciudad que queremos progresa al ritmo de los tiempos, lo que no quiere decir que no conserve cosas. Conserva la cercanía, el folclore, los oficios de toda la vida, las comidas populares y los 20 minutos andando para ir a todo.
Eso no quita que la ciudad que queremos puede y debe crecer, pero no puede hacer trampas con las cuentas. Si alcanza los 20.000 habitantes, que no sea porque la región a la que provee desciende a 60 o 50.
La ciudad que queremos debe de estar bien conectada. Es imperativo suyo y de quienes la pueblan conectarse a una autovía y a una vía férrea. Pero, como me decía un amigo de Mas de las Matas, los transportes sirven tanto para entrar como para salir.
Por lo que la ciudad que queremos debe ser abierta al mundo, tiene que atraer capital y negocios internacionales. Pero estos no deben de caracterizarse por la estacionalidad ni la precariedad. Su globalidad no debe ser carta blanca para justificar el expolio de recursos ni el empobrecimiento de su gente. Habrá empresarios locales en sectores que tiren de empleo e inversión productiva, que se beneficien del capital extranjero y del apoyo público. Y enfrente habrá trabajadores, sindicalizados y con poco miedo al desempleo, blindados contra la inflación por convenio y crecientemente cualificados.
La ciudad que queremos la rodean los pueblos que queremos. Que digo querer, ¡que necesitamos! Pueblos bien conectados con la urbe, con planes de vivienda que proyecten su desarrollo articulándose con el resto de la región, que alberguen alguna industria auxiliar o algún servicio público comarcal. Que vivan para sí mismos y para el paisaje. Que vivan, en definitiva.
La ciudad que queremos es y será una ciudad democrática.
Alguno me dirá en los comentarios de la web que solo he hablado de economía, no de democracia. Bien, el sustento del hombre y de la mujer es lo que les da la vida y les dignifica. Es lo que les ancla a un lugar, los alimenta, les da un lugar en el mundo y espacio, físico y mental, para pensar.
Mi sugerencia para los lectores es que este verano, ante el fin de una era nacional y el inicio de una a nivel local y autonómico, pensemos cuál es el medio que nos permita seguir teniendo la calidad del medio rural.
Tomás Celiméndiz. Graduado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona


Don Tomás: Le felicito por su notable contribución a crear conocimiento y opinión a los lectores de La Comarca. Su artículo da para mucho, y sobre todo para muchas preguntas.
Yo le voy a hacer alguna, para entender lo que nos dice. Me apunto a su deseo de que tengamos ciudades democráticas, pero nos debería explicar lo que debemos entender por ciudad y poner algún ejemplo. En Dinamarca llaman ciudad a la localidad que tiene mas de 200 habitantes, en China a la que tiene mas de 100.000. Internacionalmente hay un cierto consenso de que una ciudad ha de contar con 50.000 habitantes.
En segundo lugar conviene comentar las diferencias y las causas entre las ciudades que crecen y las que pierden población. Quizás debemos también preguntarnos si crecen más las ciudades democráticas o las que no lo son, y si podemos medir como evoluciona la satisfacción de sus habitantes. No sé si comparar Shanghái con Londres nos ayudaría a entender, o aquí en casa comparar por ejemplo Málaga con Bilbao, ejemplos de una ciudad que progresa y otra que retrocede.
Pero lo mas difícil para mi es entender cuando es democrática una ciudad, y a qué democracia nos estamos refiriendo. No parece ser lo mismo las ciudades suizas que las nuestras. Allí la gente vota las cosas importantes, y aquí no.
Por citar un tema de actualidad, Alcañiz no votó si quería las dichosas nuevas travesías y ahora tiene que vivir con los resultados de lo que se ha hecho. Da pena ver el dinero tirado en farolas o en una supuesta via para bicicletas, mientras
la realidad califica lo hecho de chapuza.
En fin. Mis ojos son viejos y los suyos jóvenes. Así que sería bueno que pudiéramos ver las cosas con sus ojos. Animo y cuéntenos mas cosas.
Saludos
Buen artículo, pero antes que nada, felicidades por ese máster que te prepara para saber todavía más.
No sé si lo que planteas es ficción, ilusión o sueño, porque este territorio puede tener margen de progreso (ya me gustaría que fuera en la ética) pero económicamente depende tanto del exterior que se ha vuelto sumamente frágil.
Parece incuestionable que la población tiende a concentrarse en las poblaciones más grandes, en detrimento de los pueblos pequeños cuya agonía se acelerará con medidas como las autopistas soñadas que, por cierto, no se harán y mientras el territorio espera que lleguen se limita a mirar al cielo e implorar en el mismo ritual que antes se hacía con la lluvia.
Antonio Germán plantea un tema interesante: que nos devuelvan la capacidad de decidir hacia dónde queremos ir.
Desde tu punto de vista, crees que el progreso económico y tecnológico (los únicos campos en que realmente progresamos) pueden beneficiar a la España rural?: como?
En mi modesta opinión, siempre he sido defensor de ciudades grandes NO de grandes ciudades, me refiero a urbes con mas de 5 ó 6 millones de habitantes, esto es tremendo, y es una barbaridad , y tambien es la «base» para que lo rural pueda desaparecer o si mas no, pueda subsistir.
Aqui en España treniamos ( sic ) a un diigente de primerisima fila del cual solo pondre las iniciales JMAL , este individuo, decia y no se si ahun lo dice que el gran Madrid ha de ser una Ciudad de mas de 8 millones de habitantes, si es asi pobre España vaciada, se vaciará del todo.
Bon dia.
¿Cuantos habitantes deben tener, si más no, sus ciudades grandes?
Para mi opinion un maximo de 600 mil a 800 mil habitantes.