Hace unos días el periódico La Comarca publicó una noticia que titulaba:
«Alcañiz prepara salvas de honor para recordar a las víctimas de la Guerra de la Independencia en la ciudad».
Me pareció una noticia normal. Hay muchos sitios que hacen recreaciones, como recuerdo de su historia y como reclamo para el turismo.
Pero hay gente que tiene una obsesión en la cabeza y cualquier escrito lo encamina hacia ella.
Un ejemplo: alguien se obsesiona con el tema de las gallinas. Aparece una noticia de que el Guadalope baja con poca agua por Alcañiz, pues él lleva la ascua a su sardina y pone una crítica: «qué falta de previsión, faltará agua para beber las gallinas». Por cierto, dicen que las gallinas no mean, o sea que deben beber poco.
Volvamos al principio, apareció un comentario a la noticia que textualmente decía: «Y los de la guerra civil? Y los de las cunetas? La que nos espera en estos cuatro años de PPVOX. El futuro de Aragón se lo juegan los aragoneses de bien».
Y yo me pregunté: «¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? ¿Por qué mezclar un acto festivo con la política? Salvo que se tenga obsesión por esta última».
Antes de nada, quiero aclarar que soy totalmente apolítico. No sé qué relación quiere ese señor establecer entre la guerra civil, las cunetas y PPVOX.
Estos partidos no existían en aquellos tiempos, en cambio otros que nos han gobernado antes, sí.
Tampoco me explico, salvo que se refiera a SU gente, qué ha de temer la gente de bien, por ese pacto de gobierno. Ni lo que se puede esperar de estos cuatro años venideros. El tiempo lo dirá.
Lo que sí tenemos cierto es el desbarajuste que hemos padecido en las legislaturas pasadas, de uno y otro lado, así, a vuela pluma, me puedo referir a la investigada Forestalia, a la empresa de contratación familiar de un departamento de la DGA y a las promesas electorales incumplidas, por no entrar en sospechosos enriquecimientos particulares.
Esto a nivel local; a nivel nacional, apaga y vámonos. ¿De esto no se decía nada en el comentario? ¿Verdad? Y la gente de bien, callada, atemorizada. Están machacando a los trabajadores del campo, de los que hay bastantes en esta tierra, tratando de amordazarles, freírlos a impuestos y obligarles a cultivar lo que no les interesa ni conviene a nuestro campo.
A los gobernantes que llegan, de momento, habría que otorgarles un voto de confianza o, por lo menos, el beneficio de la duda. No creo que sean peores que los que se han ido.
Pero lo que me revolvió el estómago fue lo de las cunetas. Teniendo en cuenta que lo que ocurre en una guerra no se puede juzgar con los ojos de los tiempos de paz y que no se puede generalizar, pues en los dos bandos se hicieron cosas buenas y malas, permítame señor comentador que le cuente una triste historia.
En un pueblo real, al que podemos llamar Aldea, llegaron los anarquistas, allí ya tenían su comité local. Lo primero que hicieron fue una lista de las personas peligrosas del pueblo; para ellos eran: los ricos, los de derechas y los de probada religiosidad. Y alguno más por envidias o rivalidades personales.
Bien armados, el día 20 de agosto de 1936, a partir de las once, los fueron deteniendo, uno a uno, nadie pudo oponer resistencia. Les hicieron dejar sus casas y sus familias con mucho sufrimiento, dudas y miedo. Con razón, pues algunos ya no regresaron.
De entre los detenidos por aquellos «horrendos delitos», eligieron a trece. Menudo número, pardiez. Los encerraron en las dependencias municipales. Les tomaron sus datos de identidad, su honra y las esperanzas de vivir.
Era costumbre en estos casos que la selección la hacían los del propio pueblo, pero la «ejecución», en los dos sentidos, la llevaban a cabo gente de fuera. En este caso llegaron del comité de Alcañiz, como podían haber sido de cualquier otro lugar.
A las doce pidieron el camión, a las trece los montaron y los llevaron hasta el pueblo siguiente, en dirección a Alcañiz. Les habían dicho, como excusa, que allí serían juzgados con más garantías, pero su sentencia condenatoria ya estaba tomada desde el momento de su selección. Eso sí que fue un juicio rápido, un procedimiento sumarísimo.
Sobre las catorce horas, al poco de pasar esa población, los hicieron bajar a todos, con el pretexto de que pudieran estirar las piernas. Apenas había transcurrido un cuarto de hora de viaje y faltaba otro tanto para Alcañiz. Pero lo de estirar las piernas tenía un doble sentido.
Los colocaron en un ensanchamiento de la carretera, en la CUNETA. En fila, en un calvario llano, pero los sayones, igual que en el caso de Jesucristo, los registraron minuciosamente y se quedaron con todo lo que llevaban encima.
Ellos se pusieron enfrente. Entre los elegidos había un sacerdote que, seguro de su destino, se arrodilló e imploró compasión para sus compañeros de condena, alegando que tenían familias que les necesitaban y, a cambio, se ofreció como víctima. Que le mataran solo a él.
La respuesta fue una descarga cerrada. Con todas las armas que llevaban, hasta que cayeron todos y dejaron de moverse. No obstante, para asegurar su hazaña, con pistolas, les dispararon uno a uno en la cabeza.
Misión cumplida, grandes héroes. Por aquel día ya valía. Nada les retenía en aquella cuneta. Se volvieron a sus casas a abrazar a sus hijos y recargar sus armas para su próxima misión. Ni siquiera se dignaron enterrarlos.
El lugar es conocido como Fuente de la Tejería; ese día, por su CUNETA, en vez de agua clara, manó sangre inocente.
En una mala imitación del caso de la crucifixión divina, me imagino que se repartirían o sortearían lo confiscado. Lo que no sé es a quién le correspondió el castigo de la cruz y el rosario, bendecidos, del sacerdote.
Unas horas después, moradores del, por un momento, lúgubre pueblo, descubrieron la matanza y trasladaron los cuerpos al cementerio del pueblo, a una fosa común.
Pero aquí no acaba la historia. Como los ejecutores fueron unos y los enterradores otros, no se dieron cuenta de que habían llegado trece, pero solo habían enterrado a doce. Faltaba uno. Nadie lo echó en falta.
Se trataba de uno de los fusilados. La bala del tiro de gracia se quedó debajo de la piel, incrustada en el hueso, sin llegar a perforarlo. En el tiempo que transcurrió entre la matanza y la retirada de los cuerpos, se despertó herido.
Como pudo regresó a su casa. Los del comité fueron a buscarlo, querían matarlo otra vez, pero el médico dijo que, debido a la herida de la cabeza, estaba loco y moriría pronto. La familia, para evitar posibles tentaciones futuras, se lo llevó fuera.
Los del pueblo de al lado no sabían cuántos habían salido del pueblo. Los cuerpos que encontraron los enterraron juntos.
Terminada la guerra, el «muerto» pudo regresar a su pueblo. Consultaron la posibilidad de extraer la bala, pero el plomo estaba encapsulado, formando un todo con el hueso y, en caso de haberle intervenido, no podían garantizarle el resultado, por lo que toda la vida le acompañó el ruido de aquel disparo y la sensación de un incipiente hombre del tiempo, pues la herida, con fuertes dolores de cabeza, le anunciaba con antelación los cambios meteorológicos.
Con estos inconvenientes, como testigo acusador de lo ocurrido, pudo vivir con su familia, lo que los otros doce no tuvieron oportunidad de hacer. Incluso llegó a ser un buen alcalde de su pueblo.
Quiero destacar que he convivido con gente de ambos bandos, supervivientes de la gran tronada. Salvo algún resabiado, como también existen hoy en día, la mayoría hicieron un pacto de olvido, de silencio, para que aquel horror, aquel sufrimiento, no se volviera a repetir.
¿Podríamos hacer, todos, un esfuerzo, ahora que ya no están, para dejarlos descansar en paz?
Ya sea en un cementerio, en una fosa común, en un campo o debajo de una CUNETA, si al fin y al cabo es la misma tierra la que acompaña sus restos, pues ellos juntos están al otro lado, donde todo está perdonado y olvidado.
Para demostrar la veracidad de esta historia, le puedo decir que conocí al muerto andante. Tengo su declaración escrita de los hechos. Por otro lado, hablé con un testigo que estuvo presente en las detenciones, cuando se hizo la selección, la saca de los fusilados, la llegada a la Aldea de los fusileros y cómo se señalaron las víctimas.
Estaba en Francia, exiliado. Fui a visitarle y pasamos juntos unos días hablando de estos y otros temas. Lo que más extrañaba era no haber podido volver a su pueblo, al principio por miedo y luego por motivos de salud.
Y, por cierto, después de tantos años, seguía hablando chapurriau, no catalán de Aragón, como han consagrado, en una absurda ley, los anteriores gobernantes, pero ese es otro tema y, a lo peor, yo no soy «aragonés de bien».
Correo del lector. Luis Arrufat. Valjunquera


Sr Arrufat :
El Catalá es parla a la Franja des de l’Edat Mitjana, ningú l’imposa
Aquest es el motiu del perque vuste i el seu amic despres de tants anys seguieu parlant am el vostre Catalá.
Después de este escrito tan emotivo, ¿sólo se ha quedado con la última frase?
Ahí se nota que tipo de persona es, está todo dicho. 🤐
Estudié que la Edad Media abarcaba desde el 476 al 1492. El reverendo Agustín Sales Alcalá (1707-1774), famoso por haber escrito 42 libros y otros trabajos sobre la lengua, vivía en Valencia, era gran defensor del valenciano. Había nacido en Valjunquera. La visitaba a menudo, en una de sus visitas afirmó: «allí se habla el lemosín con más pureza. Como puede ver, es posterior a nuestra edad media y entendía de lengua. Tengo lo dicho escrito. Desconocía que, entre sus superpoderes, estuviera el escuchar conversaciones ajenas que se produjeron en otro tiempo y en otro país, para afirmar en qué lengua hablamos nosotros. Como siempre pontificando desde la cúspide del saber. Por cierto, otro conocido mío, director del Instituto Cervantes y de la dirección de lenguas de la Generalitat catalana, ha afirmado que el catalán no es lemosín. Menudo lío.
Luis, enhorabuena por tu carta. Hacía tiempo que no leía un texto tan valiente, tan claro y tan necesario.
Has puesto negro sobre blanco una verdad que muchos conocen pero que demasiados prefieren callar o manipular según les conviene políticamente. Mientras algunos utilizan las cunetas y la memoria histórica como arma ideológica, tú has recordado que el horror y la barbarie abundaron en el lado de la retaguardia republicana y que hubo inocentes asesinados simplemente por pensar distinto, por tener fe o por ser señalados por odio, envidia o fanatismo.
La historia que cuentas tiene una fuerza brutal porque no nace del panfleto ni de la consigna, sino de testimonios reales, de personas de carne y hueso que sufrieron aquello. Y precisamente por eso duele más y vale más.
Me ha parecido especialmente contundente cómo desmontas esa costumbre tan actual de mezclar cualquier noticia con el sectarismo político. Hoy muchos hablan de memoria, pero solo de la memoria que les interesa. Tú has tenido el coraje de recordar a los olvidados y de defender que la reconciliación verdadera no pasa por reabrir trincheras cada día.
Ojalá más gente escribiera con esa honestidad y con esa claridad. Tu carta no deja indiferente y eso, hoy en día, ya es muchísimo.
Asesinar es una acto repugnante, lo hagan los sublevados, los republicanos, los creyentes o los ateos. En ambos bandos se cometieron atrocidades. La única diferencia es que a los del bando franquista se les erigieron placas y se les rindieron homenajes ( los caídos por Dios y la patria), a los otros, la mayoría igualmente inocentes que los otros, el olvido y el desprecio. Y otra diferencia: una vez terminada la guerra, los del bando ganador siguieron asesinando, con juicios sumarísimos o sin juicio.
Curioso que hables de memoria selectiva mientras reduces todo a “los franquistas homenajeados” y “los otros olvidados”, como si durante décadas no hubiese estado prohibido siquiera recordar públicamente a miles de asesinados en la retaguardia republicana, muchos de ellos simples civiles, sacerdotes, agricultores o personas señaladas por viejas rencillas.
Además, mezclas dos debates distintos para intentar desactivar el relato de Luis. Él cuenta un caso concreto de asesinatos brutales cometidos antes incluso de terminar la guerra, personas sacadas de sus casas y fusiladas en una cuneta sin juicio alguno. Responder a eso con el argumento automático de “y los franquistas también” no rebate nada y solo demuestra la incapacidad de reconocer el horror cuando no encaja en el relato ideológico habitual.
La diferencia es que algunos no soportan que se hable de los horribles crímenes republicanos, como el que describe Luis, porque rompe el cómodo esquema de buenos absolutos y malos absolutos que todavía intentan vendernos casi noventa años después.
Y resulta especialmente llamativo escuchar hoy tantos discursos inflamados de revancha histórica por parte de gente que no tuvo ningún problema en prosperar durante el franquismo haciendo carrera, ocupando cargos en la educación o en la justicia “fascista”, aprobando oposiciones para vivir del Régimen o medrando cómodamente gracias a su colaboracionismo. Parece que algunos descubrieron el antifranquismo cuarenta años después, cuando ya no costaba absolutamente nada ejercerlo y, además, empezaba a dar rédito político, mediático y moral.
Víctimas de la represión republicana: Entre 49 000 y 55 000 personas (incluyendo religiosos y civiles afines al bando nacional).
Víctimas de la represión franquista: Entre 100 000 y 140 000 personas fallecieron a manos del bando sublevado durante la guerra y la inmediata posguerra.
Y tú más. Sinceramente, responder a un testimonio humano concreto con una estadística, de parte y fría, parece confirmar precisamente lo que denunciaba Luis, que para algunos las víctimas solo importan cuando sirven para reforzar un relato político determinado. Siga usted mirando la tabla de marcadores.
Escrito con buenos razonamientos y veracidad absoluta.
Cómo disfrutarais, los dos, al compartir tantos recuerdos y vivencias en nuestro querido Chapurriau y no en el impositivo catalán que algunos pretenden.
Luís, que historia tan bien relatada. Leer sobre los fusilados y el dolor de tantas familias emociona y obliga a reflexionar.
Que nunca más el odio vuelva a llevarnos a algo así.
Lo que no hare es comentar que si «»llegaron los anarquistas, allí ya tenían su comité local»» o que hasta el año 1951 los juicios era sumarisimos, en los dos bandos se cometieron verdaderas atrocidades dicho esto tengamos
UN SENTIDO Y RESPETUOSO RECUERDO PARA TODOS ELLOS.
Sr Arrufat, como es posible hacer creer por activa y por pasiva que lo que Uds hablan no es una manera de hablar el Catalán, Uds lo denominan de una manera, y los convecinos de Benabarre lo denominan Catalán Ribagorçá, no es de extrañar que Ud y su amigo hablasen como siempre lo han hecho, en vuestro Catalán, lo malo es que ahora con los que estan entrando, estos si que ya tienen previsto, prohibir, eliminar y librarse de lenguas foraneas, incluido el Aragonés, mucho cuidado, que estos si que lo impondran, me refiero al Castellano .
Apolítico = ni de izquierdas, ni de derechas = siempre de derechas
Hábil deducción, axioma exacto, debajo de unas iniciales. En vez de valorar el escrito, intenta minar la credibilidad de su autor, con una afirmación sin base alguna. !Qué pena!
La última ejecución en el Camp de la Bota (Barcelona) tuvo lugar el 14 de marzo de 1952. Ese día, un pelotón ( OMITO DE QUIEN ESTABA FORMADO ) fusiló a cinco miembros del grupo anarquista Talión, evidentemente mediante un juicio sumarissimo, marcando el fin de una etapa que empezó el 1 de Abril de 1939.
PD : Que asco de comentarios : todos !!!
TO DOS !!!
Del articulo…..
Incluso historiadores críticos con el franquismo reconocen que algunos maquis cometieron homicidios, atracos y actos que afectaron a civiles, y que parte de la población rural terminó viéndolos con miedo o cansancio. Los hechos documentados incluyen que ese grupo realizó acciones armadas y atracos, y que el régimen franquista los condenó y ejecutó. Hasta ahí hay consenso básico. Es cierto que en los años 40 y 50 muchos sistemas judiciales —no solo en España— tenían estándares muy inferiores a los actuales en derechos procesales, pena de muerte, trato a presos o garantías de defensa.
Con lo que usted ha sido, qué memoria más frágil o he de decir selectiva, tiene. Los fusilamientos no terminaron en esa fecha, siguieron hasta hace poco. Más de 800 muertos por una bomba o por un tiro en la nuca. Los que usted cita habían hecho cosas, tuvieron un juicio, se pudieron despedir de su familia y la muerte les vino de frente. Los otros no tuvieron nada de eso. Mataron niños, mujeres, gente que pasaba por allí y personas por su trabajo, por sus ideas, por su situación económica o simplemente por venganza, o sea como los del artículo. Pero claro para usted debieron ser accidentes laborales y, como no hablaban catalán, se le han pasado por alto. Su olvido ha servido como precio para unos votos que estamos pagando muy caro.
Sencillament : Repugnant !!