Últimamente le doy vueltas a la idea de que cuanto más se está informado, más pesado y triste se vuelve el mundo. La información, que debería ser un instrumento de conocimiento y responsabilidad, se convierte muchas veces en una fuente constante de angustia. En psicología existen conceptos como la Fatiga Informativa, la Ecoansiedad o la Desesperanza Aprendida, que explican por qué la exposición continua a malas noticias genera estrés, ansiedad y depresión.
Ser periodista es vivir con los ojos abiertos, aunque lo que veas duela. Este año lo estoy sintiendo como un mazazo constante, y no solo por la incertidumbre laboral. Hablo de un mundo en conflicto: guerras eternas, injusticias que se perpetúan porque a los poderosos les conviene, desastres climáticos que ya no sorprenden y que gritan auxilio. La Tierra nos pide un respiro, y lo único que le devolvemos es más humo.
A eso se suma la pérdida de referentes que nos inspiraban. Pepe Mujica en mayo, con su humildad convertida en política; Jane Goodall nos dejó este miércoles, una mujer que nos recordó que cuidar la naturaleza es cuidarnos a nosotros mismos; e incluso nombraría al papa Francisco, con su empeño en abrir una Iglesia anclada en siglos de rigidez, y que, con su muerte, dejó un vacío enorme en la idea de una religión más humana, más abierta, más compasiva.
¿Qué esperanza nos queda si se apagan las voces que nos inspiraban? Ellos eran (o deberían haber sido) los verdaderos ‘influencers’.
La depresión ya no se explica solo en consultas médicas ni en estadísticas sanitarias, está presente en la actualidad y se alimenta de ella, de un ecosistema informativo en el que cada día parece una réplica del anterior. Perdemos lectores y espectadores. El reto para los medios de comunicación es no rendirse ante esta situación: hacen falta narrativas que no se limiten a contar el desastre, sino que señalen las alternativas, los pequeños avances, las iniciativas que, aunque invisibles en la agenda diaria, muestran que todavía existen motivos para sostener la esperanza.
El mundo atraviesa un periodo oscuro, pero incluso en la oscuridad una pequeña chispa puede marcar el rumbo. Y quizá el periodismo, más que hundirnos en la desesperanza, deba esforzarse precisamente en eso: en recordar que las grietas también dejan pasar la luz.
Laura Quílez. En busca del tiempo perdido


Pues si Laura. Yo también opino que el mundo esta sumido en medio de tinieblas, en las que la gente se encuentra muy a gusto, en sus tinieblas elegidas, porque le convienen y son las suyas y solo saca la cabeza para ver si se cumple su tiniebla.
Creo que tenéis un papel muy importante, aunque viendo las tertulias televisivas, también veo, que muchos periodistas son mas de ideas propias que de verdades, claro según el medio en que se trabaja pues… hay que comer, pero quizá a veces merece la pena algo de ayuno, pero claro si te gusta el medio y el jefe aprieta, pues miel sobre hojuelas.
Creo que al mundo solo lo pueden salvar los buenos profesores, los que hacen pensar a los alumnos, los que les hacen poner todo en cuestión, los que les enseñan a ser personas por delante de todo, pero claro, a veces en el hogar dulce hogar, los valores dejan mucho que desear.
A veces me pregunto como padre, que es mejor educar en el «hijoputismo», o en que sean buenas personas, para salir a una sociedad en la que los buenos, quizá estén en inferioridad.
Impecable artículo y que refleja muy bien la realidad actual, Laura. Pero me resisto a pensar quee ste mundo no se pueda cambiar. Lo razono a continuación. Enhorabuena.
Triste y dramática realidad, como consecuencia de la hegemonía del paradigma neoliberal, nos la constata Boaventura de Sousa Santos en la Quinta Carta a las Izquierdas, ya que el neoliberalismo es, ante todo, una cultura del miedo, del sufrimiento y la muerte para las grandes mayorías; y no es posible combatirlo con eficacia sin oponerle una cultura de la esperanza, la felicidad y la vida. Las izquierdas tienen dificultades para asumirse como portadoras de esta otra cultura tras haber caído en la trampa que las derechas siempre han utilizado para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. El miedo en la espera mata la esperanza en la felicidad. Contra esta trampa es necesario partir de la idea de que la realidad es la suma de lo que existe y de todo lo que en ella está emergiendo como posibilidad. Si no son capaces de detectar estas emergencias, las izquierdas pueden sucumbir o acabar en el museo, lo que a efectos prácticos es lo mismo.
En la mitología griega, la esperanza aparece en la leyenda de la caja de Pandora, contada por el poeta griego Hesíodo. En sus Trabajos y Días, Hesíodo nos dice que, como venganza porque Prometeo robó el fuego para beneficio de los hombres, Zeus creó la primera mujer, Pandora, que sembraría el caos entre los humanos. Epímiteo, hermano de Prometeo, la tomó por esposa. Poco después, Pandora, abrió una caja confiada por los dioses y que tendría que permanecer cerrada. Al abrirla, todos los males, como la enfermedad, la muerte y el odio, escaparon y salieron abatiendo a la humanidad. Lo único que permaneció en la caja fue la esperanza. Y el gran peligro actual es que nos han matado la esperanza de conseguir un mundo mejor. Y la gente lo ha creído. ¡Cómo que no hay esperanza en conseguir un mundo mejor! Hay que recuperar el espíritu de la Ilustración, el cual era muy claro. El ser humano es capaz poniendo en ejercicio la razón de progresar.
Vaya, D.Cándido, gracias por este ensayo presentado sin previo aviso, digno de ser leído con linterna y cantimplora. Empieza diciendo “lo razono a continuación” y lo cumple con creces. Ha razonado usted tanto que algunos se habrán jubilado a mitad del segundo párrafo. Citar a Boaventura de Sousa Santos en un hilo ya es aviso de “abróchense los cinturones”. Y lo de Pandora, sublime, solo faltaba que saliera Rousseau bailando. En resumen, su texto es tan denso que sirve de tope para una puerta blindada.
Cuánto me estimas. Gracias muchas.
En la era de la desesperanza tú artículo abre una grieta que deja pasar la luz, como espero que en las galerías subterráneas de Gaza se haya abierto una luz de esperanza a los rehenes y a la paz en la región.