Me llama el director de Caja Rural de Teruel para preguntarme si he fichado a Carlos Alsina para el curso de Periodismo de la semana que viene. Ojiplática, le digo que no para esta edición. «Pues está en el cartel».
Entro en un enlace de la web de la Universidad de Zaragoza y, efectivamente, allí aparece. Hay un nuevo cartel, pero perfectamente reconocible como otros tantos elaborados con inteligencia artificial. Contiene varios horarios y talleres inventados, Alsina incluido. Nos invade la cartelería de eventos, jornadas e invitaciones de IA. Todo empieza a tener ya una estética bastante similar en la imagen y los textos también, con orden, enumeraciones, negritas. Hoy mismo me han pedido locutar un vídeo, con un texto de IA, con una falsa locución como guía de una señorita máquina que no está mal, aunque no tenga alma. Todo muy limpio, muy perfecto, muy veloz y con un patronaje universal.
Por ahora lo detectamos porque la inteligencia artificial sigue teniendo una costumbre preocupante, y es que cuando algo le falta, lo completa. Sin pudor, si algo no le cuadra, lo arregla a su manera rellenando los huecos como quien completa un puzle a machetazos. Y si nadie revisa después, la invención termina publicada con membrete oficial. Eso es exactamente lo alarmante. Dicen que para 2030 ya será capaz de destruirnos.
Me pregunto cuándo dejó de preocuparnos ya no que una máquina se equivoque, sino la necesidad de utilizar nuestra inteligencia humana más básica para comprobar la calidad de lo que la IA hace.
Entre el miércoles y el viernes de la semana que viene, no vendrá Carlos Alsina, pero sí nombres enormes del periodismo de emergencias, sucesos, crimen e investigación. Si leen La COMARCA ya lo sabrán y además entenderán bien lo que les quiero decir. De Madrid viajan Carlos Quílez, Carmen Corazzini, Cruz Morcillo, Manuel Marlasca... y desde Aragón periodistas que han pisado muchísima calle, como Marta Garú, Miguel Ángel Coloma o Enrique Labiano. Gente que sabe lo que es estar donde ocurren las cosas más tremendas, las han visto y verificado. Algunos llevan casi cuatro décadas en la pomada de los delitos. Nos contarán cómo hemos pasado de utilizar escáneres para interceptar comunicaciones policiales a vivir pendientes de algoritmos que seleccionan, ordenan, recomiendan y, cada vez más, trabajan pensando por nosotros. Y hablaremos de bulos, de inteligencia artificial, de verdad y mentira, de víctimas y victimarios, de incendios, DANAs, delincuencia, homicidios y emergencias.
Este curso, más bien un cursazo, nos agita todos los años. Nos obliga a aterrizar, a salir del relato fácil y a entender qué ocurre sobre el terreno. Por eso me importa especialmente el viernes 25 por la tarde. Abriremos las puertas del Teatro Municipal para que cualquiera pueda acompañarnos. Allí estarán profesionales cuyo trabajo genera debate, exigencias y también muchas veces un profundo desconocimiento: responsables territoriales de bomberos, agentes de Protección de la Naturaleza, Guardia Civil, profesionales del 112, especialistas en violencia de género y personas que han dedicado media vida a investigar algunos de los delitos más graves. También el bajoaragonés Luis Arrufat, exjefe de la Policía Nacional y uno de esos nombres que han hecho historia investigando homicidios.
'Comunicación al límite' es el título de esta octava edición. Y tiene más lecturas de las que imaginábamos cuando lo elegimos. Esto va de aprender dónde están los límites... los de la comunicación, los de una emergencia, la tecnología y la vida misma. Y, sobre todo, de no renunciar al criterio propio. Si me leen, vengan conmigo, con nosotros, y agéndenlo. Distingan entre lo urgente y lo importante. Merece la pena detenerse unas horas antes de que acabemos dejando que otros, o incluso peor, ¡una máquina!, decida por nosotros.
Eva Defior. Sexto Sentido

