La imputación de Zapatero supone uno de los más grandes golpes a la línea de flotación de un gobierno precario, que tiene, en una muy mediocre oposición, a su mayor aliado para sobrevivir. La delicada tela de araña que sustenta el difícil juego de equilibrios del Gobierno bordea los límites de lo razonable en cada nuevo caso de corrupción que estalla y presiona la soga de un gobierno cogido por alfileres que recibe el enésimo golpe.
No es un caso cualquiera, desde luego. Zapatero, un personaje con muchos claroscuros, ha sido el principal sostén moral y político de Sánchez dentro de su partido y ahora se ve envuelto en un turbio caso de impredecibles consecuencias, que puede arrastrar al ya de por sí comatoso Gobierno. La verdad es que el caso apesta de lejos y negarlo no será suficiente. Buena parte del círculo de Sánchez está envuelto en una neblina de espesa corrupción cada vez más difícil de justificar y gestionar. Pese a los juegos de malabares de los socios de la coalición, el enfermo empieza a decrepitar en cada paso.
Desde luego, y como siempre, se debe preservar la presunción de inocencia a la que Zapatero, como cualquier ciudadano, tiene derecho, pero la izquierda sufre un duro golpe. Su apoyo en las últimas campañas, especialmente en la última, fue totalmente decisivo para frenar la monstruosa ola reaccionaria que recorre el mundo y que, por cierto, fracasa y vandaliza hasta límites insospechados todo aquello que toca, como vemos con Trump, Milei u Orbán hasta hace nada.
Esa ola, cuyo principal haber es conseguir inculcar un discurso de odio en su propio beneficio mientras saquean de manera injustificada países, generan guerras y se reparten el mundo cual pastel, es una ola ignominiosa en la que, por cierto, nos quieren meter los Feijóo y Abascal de turno, que actúan movidos, aparte del rencor, por una serie de intereses que obedecen a maquinarias extranjeras.
Daría para otro capítulo el asunto de la independencia judicial. Todo lo que viene sucediendo ha sido ya profetizado casualmente por los mesías del apocalipsis, con el excomisario Villarejo a la cabeza, el propio Feijóo y la pieza clave en todo este asunto, Ayuso, la presidenta que misteriosamente se libra de todo lo que le rodea aunque sea tan o más evidente y rotundo que lo de Zapatero.
Pero así funcionan las cosas. La izquierda, por sus propios errores y por casos como el de Zapatero, se va al pozo, pero su incapacidad manifiesta para combatir todo este aparato de desangramiento mediático y judicial tampoco ayuda.
Mientras tanto, y como siempre, no seremos pocos los que estemos prestos para lo que viene, desde el convencimiento de que aquí se hace y se hará todo lo posible para que al final gobiernen los de siempre y desde siempre. Por lo demás, y como decía el propio Zapatero, buenas noches y buena suerte.
Víctor Puch

