La Lista Roja del Patrimonio es un muestreo que compila Hispania Nostra, con el objetivo de poner el foco en los monumentos que están en peligro de ruina total a lo largo y ancho de la geografía española. Hoy, la lista la conforman 1.820 monumentos, de los que 189 se encuentran en Aragón y, de ellos, 30 están en la provincia de Teruel, y en concreto 22 se ubican en la parte turolense del Bajo Aragón Histórico.
La lista no es estática, pues se puede entrar en ella a través de una solicitud de inclusión motivada y se puede salir cuando el monumento ha sido rehabilitado. La solicitud de inclusión la puede cursar cualquier persona o entidad, aportando la información necesaria. Por ejemplo, hace unos días se incorporaron cuatro monumentos del Matarraña, porque el historiador Gonzalo Soriano se tomó el trabajo de elevar unos informes a los responsables de Hispania Nostra.
Los agoreros de costumbre y quienes disfrutan de las «desgracias» ajenas, no tardaron en poner el foco en la «lamentable» situación del patrimonio monumental del Matarraña (la mal llamada Toscana Española) y otros se lamentaron de la no inclusión de monumentos de su pueblo. Lo que son crasos errores, producto de no entender el funcionamiento de la Lista.
Viajar es un antídoto para muchas cosas, especialmente para valorar lo que tenemos y para aprender de lo que otros hacen. Si nos movemos por España encontraremos miles de ruinas monumentales y rehabilitaciones fantásticas, que pueden servir de ejemplo. La provincia de Teruel, vaciada de población, está llena de ruinas, pero los números de la lista no han de hacer pensar que en el Bajo Aragón Histórico Turolense hay más ruinas que en otros lugares, sino que aquí hay quien se preocupa por denunciarlas.
O sea, que se incorporen 4 monumentos de la comarca del Matarraña a la Lista Roja no ha de ser motivo de mofa, sino de reconocimiento por la labor de denuncia. Eso sí, la denuncia debe ser la antesala de la concienciación popular y de la rehabilitación. A mí, con solo un rápido repaso mental, se me vienen a la cabeza más de 50 monumentos matarrañenses que debieran incorporarse a la lista. Así que sería bueno que los patriotas de cada localidad se pusieran manos a la obra, sin esperar a que otros actúen por ellos.
Manuel Siurana. Tierra de frontera


Don Manuel:
Para contribuir a la recuperación de los monumentos en peligro y actuar convenientemente es necesario conocer quien es el propietario de cada uno, y como afecta a esa propiedad y al uso el esfuerzo económico de los que deseen colaborar a su restauración.
Cordiales saludos.
Otra cosa que está en ruinas es el patrimonio inmaterial que es nuestra lengua, el catalán occidental que hablamos en el Matarraña, y que no aparece reflejado en nuestros monumentos y construcciones. El de toda la vida «Sant Cristòvol» de Valderrobres ahora es «San Cristóbal», en castellano, como «Sant Antoni», ahora «San Antón».
La castellanización no para.
Benvolgut Javier,
La resposta és la de sempre. Qui vol aconseguir alguna cosa té diverses opcions: esperar que els ho donin des de dalt, esperar que altres ho facin o posar-se les piles i fer-ho un mateix. Cada persona i cada entitat tenen prioritats. Jo sóc historiador de l’art i això condiciona la meva prioritat. I els estatuts de la Fundació Valderrobres Patrimonial estableixen que lo seu primer objectiu és “impulsar la recuperació i conservació dels béns mobles i immobles considerats d’interès cultural o de valor artístic, històric o patrimonial” y això es lo que intentem fer. Òbviament hi ha altres persones i altres entitats que tenen altres prioritats, entre aquestes últimes em vénen a la memòria “ASCUMA” o “Clarió”. En definitiva: treballar, treballar i treballar.
Apreciado Antonio,
Conocer quiénes son los propietarios no es difícil, al menos en nuestros pueblos. Lo ideal sería que el propietario, en algunos casos la Iglesia, se encargara de la restauración y puesta en uso. Si el propietario es un particular, cabe la primera opción o bien la compra por parte de las instituciones o entidades como la Fundación que dirijo. Esto último es lo que hicimos con la antigua fábrica de papel Roda, que en una primera fase vamos a excavar y consolidar. También se pueden buscar acuerdos de cesión a largo plazo. Pero algo esencial es que el edificio que se restaure tenga una utilidad pues, en caso contrario, lo más probable es que a los pocos años vuelva a estar en ruinas.
Cuando las Hijas de la Caridad nos ofrecieron su antiguo colegio de Valderrobres, les pedí que me dieran tiempo para ver qué uso podríamos darle y no aceptamos la donación hasta que no le encontramos una utilidad. Estos últimos años hemos restaurado el Torreón de Valentinet y le hemos dado una utilidad convirtiéndolo en “cámara oscura”, lo que redunda en la ampliación de la oferta turístico-cultural de Valderrobres. Ahora nos estamos planteando adquirir viviendas abandonadas o en semi-ruina que existen en el casco antiguo de Valderrobres, que deslucen el urbanismo local y son una amenaza para vecinos y transeúntes. La idea sería rehabilitarlas y convertirlas en viviendas para alquilar o vender a precios asequibles. Todas estas inversiones son de carácter productivo y suelen contar con líneas de subvención y, si no, también se pueden ejecutar como inversión. Otro tema son algunos monumentos como las ermitas, que en la mayoría de los casos no ofrecen retorno económico, sino simplemente patrimonial. Ahí el esfuerzo ha de recaer en los ayuntamientos, entidades sociales y particulares. La solución es fácil: analizar caso por caso e ir pasito a pasito. Así se puede llegar muy lejos.
Me alegra mucho su vision del tema, y le felicito por la labor ya hecha. He querido poner el tema ante la abundancia de solicitudes que no tienen futuro y que en la practica son tirar el dinero. Mucho animo.