Tu vida está llena de primeras veces. Muchas de ellas no parecen trascendentes cuando ocurren, pero, con el tiempo, les das la importancia que merecen. Seguro que todavía recuerdas esa sensación de libertad en el momento en que conseguiste ir en bicicleta sin ruedines y le pones cara a quien te soltó, sin avisar, del sillín para que no tuvieras miedo y pudieras avanzar.

¿Y qué me dices de cuando el primer amor llamó a tu puerta? Esas mariposas en el estómago que no se iban ni de noche ni de día, ese corazón acelerado, esa emoción de comprobar que a alguien le brillaban los ojos cuando te miraba.

Yo todavía me acuerdo de la primera vez que vi el mar. Acostumbrada a los paisajes turolenses, sin piscina en el pueblo y con un pequeño río en el que mi hermana Raquel y yo nos mojábamos los pies, el mar me pareció, en esos momentos, inalcanzable.

¿Y el primer sueldo? Sin gastos importantes todavía, sin esas obligaciones y cargas familiares… Con los años te das cuenta de que no fue un sueldazo, pero la ilusión que te hizo no tuvo precio.

El nacimiento de un hijo tampoco tiene palabras, por mucho que intente buscarlas. Ese bebé tan pequeño que el médico pone encima de ti, confirmándote que todo está bien, y tú, por fin, respiras tranquila después de nueve meses.

En unas semanas tendremos la oportunidad de sumar una nueva primera vez a nuestra vida. Quizá no sea tan significativa como todas las experiencias que te he contado hace un momento, pero dentro de muchos, muchos, muchos años podrás decirles a tus nietos «yo estuve allí».

El 12 de agosto la Luna cubrirá el Sol por completo. El eclipse se producirá poco a poco y se irá intensificando durante casi una hora hasta llegar a la oscuridad total, que durará poco más de un minuto. Es probable que baje ligeramente la temperatura y que los animales cambien su comportamiento porque intuyan que el anochecer se ha adelantado.

Millones de personas estarán contemplando este fenómeno que desde hace ciento catorce años no se ha vuelto a repetir en la península ibérica.

Y me parece increíble que Teruel sea uno de los lugares donde mejor vamos a poder contemplarlo. Ni en Madrid ni en Barcelona ni en Sevilla, donde estamos acostumbrados a que tengan lugar las grandes noticias: lugares donde los cantantes de los conciertos más internacionales llenan «sus casitas» de gente de lo más variopinta, lugares donde aterriza el papa León XIV en viaje apostólico o lugares que disponen del mayor motor logístico del Mediterráneo, como es el Puerto de Barcelona.

Solo faltan veinticuatro días para disfrutar de este acontecimiento único. El sitio que elijas para observarlo me parece muy importante. Lo ideal es que sea en tu propio municipio, en una zona a la que puedas acceder sin problemas de circulación.

Muchos de nuestros ayuntamientos están trabajando para habilitar «espacios seguros» que, en algunos casos, se complementarán con música y otras actividades culturales. En el pequeño pueblo de Los Olmos, por ejemplo, llevan trabajando más de un año en la creación de un parque estelar para observar la Luna y el Sol.

Dispone, además, de relojes solares y de un lunódromo donde los visitantes pueden hacerse fotografías increíbles con la Luna como protagonista. Asimismo, el Gobierno de Aragón ha establecido siete puntos oficiales, auténticos escenarios privilegiados para no perdernos ni un solo detalle de este eclipse. Y MotorLand será uno de ellos.

¿Otra recomendación para ese día? Usa gafas homologadas para no terminar en el hospital. La Diputación Provincial va a repartir ciento cuarenta mil gafas seguras para todos los turolenses. Si, por alguna razón, no te haces con unas, puedes adquirirlas en las ópticas de nuestros pueblos.

Y otro aspecto que me parece muy importante es elegir bien con quién quieres vivir este evento. Igual que recuerdas a quien te impulsó en la bici o le pones cara al primer amor de tu vida, te acordarás de quien te rodeó contemplando este anochecer fuera de hora.

Porque hay personas que son capaces de convertir momentos bonitos en experiencias inolvidables. Y es que dentro de veinte años no recordarás qué ropa llevabas ese atardecer, en qué proyecto estabas trabajando o la música que sonaba de fondo, pero, probablemente, tu memoria será capaz de guardar la emoción que sentiste y con quién la compartiste.

Nieves Ballestero. Gerente. Asociación de Empresarios Turísticos del Bajo Aragón