Este jueves, 30 de abril, era un día para encajar planetas, satélites y estrellas imposibles de alinear. Tuvimos un atardecer para comprobar si seremos capaces de ver lo que esperamos encontrar en el horizonte próximamente. Tuvimos unos minutos para poner a prueba la mirada, para medir hasta dónde alcanza o si se rompe nuestra propia perspectiva. Muchos ni se enteraron, pero los que sí, vivieron la sensación de que algo estará en su sitio cuando toque. Fue un ensayo discreto de ese instante en el que la luz cambiará y todo parecerá detenerse, ese eclipse del 12 de agosto que ya empieza a dibujarse en la distancia. Hubo una prueba de alineación, con científicos, aficionados y amantes de la naturaleza de todo el mundo escondidos por nuestros rincones más íntimos. La mayoría era ajena al simbolismo de que esta alineación se produjese casi en sincronía con la toma de posesión de Jorge Azcón como presidente de Aragón, inaugurando su propio intento de alineación. «A veces los resultados colisionan con nuestra ideología, pero solo se avanza desde el acuerdo, anteponiendo el interés general. La confrontación no es el camino. Debemos poner por delante el bien común», dijo, tratando de ordenar sus astros.

En realidad, lo verdaderamente importante no es el eclipse en sí, sino lo que ocurrirá dentro de esos dos minutos. Será ese instante en el que la luz se retira lo justo para obligarnos a mirar de otra manera, como cuando uno se detiene y encuentra el lugar exacto donde la vida encaja. Ojalá encontremos esa forma distinta de mirar, de escuchar, una pausa para respirar que no interrumpe, revelándonos otra forma de estar en el mundo y junto a los demás. Estamos ensayando la capacidad de colocarnos bien, de llegar a tiempo a nosotros mismos, de entender qué estamos buscando realmente cuando levantamos la vista.

La sombra llegará deslizándose de oeste a este, como si alguien pasara una mano lenta sobre la luz para opacarla al atardecer, cuando el día es más frágil y empieza a rendirse, dejándose atravesar. En ese mapa donde lo pequeño de pronto se hace inmenso, el Bajo Aragón será uno de los puntos más importantes del planeta Tierra. Mirar no será solo ver, sino comprender que todo depende del lugar desde el que decides colocarte. No es el cielo el que cambia, sino nosotros los que debemos encontrar el ángulo exacto y aprender a mirar sin dañarnos ante la intensidad de lo que brilla.

Vivimos desalineados. A veces sin darnos cuenta, otras con plena conciencia y aun así sin saber cómo corregirlo. Demasiado ruido, demasiada prisa, demasiadas emociones que se nos desordenan por dentro. Ira, rencor, egoísmo. Y en medio de todo eso, olvidamos que la perspectiva no está fuera, que no depende de lo que ocurra ahí arriba ni de cómo se dibuje una borrasca. La Luna no tiene la culpa de nada. El horizonte tampoco. El Sol volverá a salir. Lo difícil, y lo verdaderamente importante, es entender el proceso, asumirlo y aprender a mirarlo con algo de empatía, hasta cuando no encaja, incluso cuando duele. Alinearse no es acertar siempre, sino colocarse donde uno quiere estar con compasión y con una forma de mirar que no rompa, ni hacia fuera ni hacia dentro.

Y tú, ¿desde dónde estás viendo tu eclipse? Colócate bien. Solo hay una oportunidad. La prueba de alineación de ayer nos avisó del valor del ensayo y error. Pude comprobar cómo podía desplazarme unos pasos físicos y mentales para alinearme. Vi que el sol ya no cae donde caía y que la sombra ya no dibuja lo mismo. Descubrí que el horizonte no es un lugar fijo, sino una frontera que se mueve contigo. No marca el final de nada, ni el principio de todo. Es, simplemente, un límite propio.

Eva Defior. Sexto Sentido