El 6 de septiembre expira la medida cautelar que hasta ahora ha frenado el derribo de la central térmica de Escucha. Ese día Aragón tendrá que decidir algo más importante, si el patrimonio industrial es una carga que conviene eliminar cuanto antes o un recurso económico que todavía no ha sabido aprovechar. Quienes han preguntado por escrito al Gobierno de Aragón qué protección piensa dar al conjunto solo han recibido un estudio sin plazos ni concreción del Departamento de Presidencia, Justicia, Cultura y Deporte.
La central lleva más de una década cerrada y su deterioro es real. Repsol ya ha acordado ceder al Centro de Interpretación de la Minería piezas como la sala de mandos y de control, además de unos proyectos virtuales. No es una destrucción sin memoria, pero sí es una renuncia a conservar el conjunto físico, edificio principal, chimenea, parque de carbón y barracones, recogido como patrimonio industrial en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés.
A quien piense que ese dinero está mejor empleado en empresas que generan riqueza basta con enseñarle un par de cifras. Teruel recibe 88 millones de euros del Fondo de Transición Justa europeo, gestionados por el IAF hasta 2029, y en sus dos primeras convocatorias ha repartido 34,2 millones entre 249 ayudas a casi 200 empresas, generando 260 empleos declarados. Dividiendo el importe de esas ayudas entre los empleos creados salen más de 131.000 euros de subvención pública por cada empleo declarado. No significa que el fondo cueste eso por puesto de trabajo, porque las ayudas persiguen otros objetivos además del empleo, pero sirve para dimensionar de qué tamaño hablamos cuando se dice que el patrimonio resta recursos a la economía. La convocatoria de 2026, con 15 millones más, se reparte entre digitalización, internacionalización, eficiencia energética y economía circular, y ninguna de sus líneas contempla el patrimonio industrial a pesar de que la propia normativa estatal del fondo incluye expresamente la promoción del patrimonio minero y el turismo sostenible entre sus actuaciones elegibles. No es que Bruselas excluya a Escucha, es que las convocatorias empresariales activadas hasta ahora por Aragón no han incluido el patrimonio industrial entre sus líneas de ayuda.
El argumento de la rentabilidad inmediata compara además cosas que no son comparables. Una convocatoria de ayudas a pymes se puede replantear el año que viene, pero una central demolida no admite segunda oportunidad, y tratar ambas decisiones como si compitieran por el mismo euro es no entender que solo una de ellas, una vez tomada, ya no se puede deshacer.
La comparación entre cultura y negocio es más falsa de lo que parece, el precedente ya existe. La central térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, cerrada en 1971, se convirtió en el Museo de la Energía y ganó en 2012 el premio Europa Nostra, en la categoría de conservación y adaptación a nuevos usos. No estamos imaginando que esto pueda funcionar, ya funciona en otro territorio minero.
La Fundación Ciudad de la Energía (que gestiona ese museo) es la misma que lidera el proyecto de turismo minero-industrial en el que participa el Ayuntamiento de Escucha junto con Montalbán, Gargallo, Ariño y Utrillas, financiado con fondos Next Generation. Aragón ya coopera con la entidad que demostró en León que el patrimonio industrial puede ser motor económico, y aun así no ha destinado hasta ahora ninguna de esas ayudas a replicarlo en casa.
En febrero de 2023 volaron los 343 metros de la chimenea de Andorra sin que quedara gran cosa de aquel paisaje minero, ahora la decisión está en manos del Gobierno de Aragón. También habría que preguntarle a Pedro Sánchez, que tanto presume de transición justa para las cuencas mineras, qué clase de transición es esa si mientras se reparten fondos para reinventar estos territorios dejamos desaparecer las huellas de aquello que los hizo posibles. Lo que queda por ver es si Aragón sigue tratando el patrimonio industrial como un gasto que compite con la economía, o como una parte de ella que todavía no ha decidido contar.
Jorge Herrero. Papel y pixel


Al final estos temas nunca acaban siendo una transición, es borrar el mapa a golpe de talonario y excavadora además de prometer algo que nunca se cumple… así son los políticos.
Quieren eliminar cualquier huella física de lo que fuimos para que a nadie le remuerda la conciencia ni se acuerden de lo que le deben a esta tierra. A este paso nos van a dejar el paisaje muy verde y muy limpio, sí, pero más vacío y sin alma que nunca además de sin un duro.
El principal problema, es tener fuerza política a nivel nacional y en Aragón, no pintamos nada.
La España de las autonomías, se creó con buena intención, pero actualmente es el cáncer de España. Somos 17 pequeños países y cada uno va a lo suyo, a sacar el mayor rendimiento económico, incluso queriendo destrozar España.
Es lo que tenemos, pero ningún partido político, se plantea cambiarlo.
Muy mal vamos así.