«Nunca hubo disputas ideológicas ni de modelo de partido. Lo que hubo fue una continua lucha por el poder, un juego de tronos descarnado».
Con estas palabras el ya retirado Javier Lambán relataba en sus memorias la experiencia vivida dentro del socialismo aragonés, la federación que llegó a ser denominada la Beirut del socialismo español por las múltiples disputas, corruptelas y conspiraciones que se vivieron durante la década de los 90.
Aunque la exitosa etapa de Marcelino Iglesias, sucedida por el Lambanato, parecía haber cosido las heridas de aquel entonces, los acontecimientos vividos en los últimos han sido la cerilla de un polvorín no tan bien enterrado como se quería hacer ver.
Tres frentes se abrieron ante Lambán a lo largo de su reinado: la disputa con el sanchismo (es decir, con la decisión de Ferraz de pactar con nacionalismos muy mal vistos para el aragonés promedio), la disputa por la sucesión (donde la candidata más probable, Pilar Alegría, se distanciaba cada vez más de su círculo) y la disputa territorial (la incapacidad de domar a la federación altoaragonesa).
Y al final de su etapa los 3 han concluido de forma poco insospechada: Ferraz elevó a Alegría a los cielos de la Moncloa como forma de incrementar su valor político, Alegría asumió los postulados sanchistas a pesar de su apoyo previo a Susana y Huesca vió en una candidata maña el ariete que quebraría la alianza zaragozana-turolense.
Cuando en enero todo parecía indicar una inevitable guerra de las dos Rosas, los York supieron jugar sus cartas para obligar a negociar a los Lancaster.
Al liderazgo claro y mediático de Alegría, santificado desde Ferraz, Moncloa y Prisa, y a su OPA de presentar su candidatura como la de la unidad (de tal manera que cualquier otra sería la que rompiese el consenso) no había más que una oposición fragmentada, más de silbidos que de aullidos, y sin un rostro claro.
Ante la pinza Ferraz-Huesca (con los alcaldes de Borja y Andorra incluidos) la alianza Zaragoza-Huesca se desmoronó por la falta de iniciativa de Sánchez Quero, perfil semejante a Lambán pero sin su liderazgo, y las reticencias a mostrar apoyo a Mayte Pérez, en un nuevo caso de ninguneo a Teruel.
Cuando finalmente se presentó una candidatura lambanista, encabezada por el joven pero formado Darío Villagrasa, la falta de entusiasmo entre una base militante que desde los pactos con Junts se sabe rendida a los brazos del resistente Presidente Sánchez y que se manifestó en la sangría de simpatizantes en Zaragoza ciudad, precipitaron el golpe de realidad: el poder antes que Beirut.
Cabe entonces preguntarse cuál es el futuro de la federación, y por añadidura de nuestra región, ante esta inevitable pero ambigua tregua.
¿Acaso Alegría seguirá siendo sanchista una vez cruce el Sistema Ibérico? ¿Se puede disputar la hegemonía al PP si estos últimos se quedan la bandera de la defensa de Aragón versus Cataluña?
Tomás Celiméndiz. Graduado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona


Sin entender tanto entresijo como usted cuenta, solo diré una cosa. Si La Señora Maite Pérez, ha gestionado todo Teruel, como el Bajo Martin, ya esta bien donde esta, fuera. Lo bueno es que la mandaran a Madrid de senadora, a cuerpo de rey para que no de mucho mal y a espera otra de otro. Así funciona esta guerra que die usted, con pocas rosas rojas y mucho capullo.
De senadora . Como javier lamban . hay rosas rojas ,, que mas que rosas ROJAS son del FRIGORIFICO