Allá para finales de septiembre se vendimiaban las uvas para hacer el vino. Recuerdo que nos levantábamos pronto por la mañana para ir al monte con el carro. Íbamos dos caballerías, mi padre, mi madre, mi hermano mayor y yo.

Mi madre se encargaba de preparar el almuerzo para todos. Solía ser pan con chorizo, longaniza, manzanas o lo que hubiese en esa temporada. El monte estaba lejos, así que solíamos llegar sobre las 9 de la mañana.

Al llegar al monte nos poníamos a cortar las uvas de las cepas y echábamos los racimos en el cubo. Cuando se llenaban, los vaciábamos en el carro, donde colocábamos tableros delante y atrás para darle más altura y que cupieran más uvas.

A las 13:00 hacíamos fuego y parábamos a comer; asábamos tocino, había algún trozo de jamón, pan, agua y los hombres tomaban vino. Nada más terminar, volvíamos a trabajar sin descanso. Cuando llenabas el carro te podías ir a casa, así que, contra más prisa te dieses, antes te ibas.

Al llegar al pueblo, dejábamos el carro en la calle, preto a la puerta de casa, para descargar y colocábamos la portadera junto al carro. Nos limpiábamos los pies y nos poníamos a pisar las uvas hasta que estaban bien chafadas.

Después, ese líquido lo teníamos que llevar a la prensa, porque en casa no teníamos. Recuerdo que iba a una que estaba en frente de la Glorieta Oliva Gasque, y había otra por el arco de San Roque. Esta máquina se encargaba de sacar todo el líquido posible y separar los desperdicios de la uva. El siguiente paso era llevar ese vino al trujal, donde echabas una mecha de azufre para que hirviese. Tenías que estar pendiente de que no se saliera el líquido. Cuando estaba listo, lo tapábamos y ya lo podíamos vender en el pueblo. La gente que quería venía a casa, lo probaba y, si les gustaba, se lo llevaba.

Con el mosto, recuerdo que hacíamos el mostillo. Lo poníamos a cocer, añadíamos azúcar y le dábamos vueltas. Luego lo echábamos en botes o en cajitas y lo dejábamos enfriar. Era como una especie de pasta dulce y nos lo comíamos con pan. La vendimia era un trabajo que no se me hacía muy duro; era una temporada en la que no se pasaba tanto calor como en otras faenas del campo, como cuando íbamos a segar, por ejemplo.

Hoy en día hay más maquinaria y más adelantos que antes para hacerlo, pero antes todo se hacía a mano y en familia.

Salome Carbó. AFEDABA Los Calatravos