En la España actual, el cambio demográfico está reconfigurando la estructura social. Se estima que el 36% de la población adulta está soltera, y la tendencia no solo se mantiene, sino que avanza. Esto refleja una creciente búsqueda de autonomía y de la voluntad de vivir bajo reglas propias, rompiendo con el ideal de la familia tradicional como única vía de realización a partir de cierto momento de la vida. Al final, cada cual ha de marcarse sus propios ritmos.
Nos encontramos ante un colectivo que, sin embargo, predomina dentro de un sistema económico y social que no ha sabido adaptarse a sus necesidades. Hacemos constante alarde del individualismo, del empoderamiento personal y de la libertad de elección. Se nos anima a ser inconformistas, a tener claro lo que queremos y, sobre todo, lo que no queremos. Sin embargo, el convivir con uno mismo, de manera temporal o permanente, a menudo se convierte en una carga asfixiante en tres frentes cruciales.
El primer reto es económico. La persona que opta por convivir consigo misma asume la totalidad de los gastos corrientes de un hogar. El sistema fiscal y de costes (servicios, alquileres o hipotecas) está configurado para el núcleo familiar o la convivencia, presionando económicamente a quien decide asumir una vida independiente.
El segundo frente es la presión social. A partir de cierta edad, está socialmente normalizado que esa etapa de transición debería quedar atrás y se etiqueta como un "incumplimiento de la norma". Aunque hagamos promoción del individualismo, la sociedad sigue ejerciendo una constante coerción para que el individuo se integre dentro de la norma general.
Finalmente, el tercer frente es el mental. Toda la presión económica y social recae sobre uno mismo. Paradójicamente, mientras se lucha contra estas cargas, la sociedad espera más del individuo "libre". La comunidad no entiende que la elección de este modo de vida muchas veces tiene como objetivo realizarse y progresar a nivel personal precisamente para poder dar la mejor versión de uno mismo con aquellos con los que están a nuestro alrededor, convivamos o no.
Es hora de que el sistema se adapte al ciudadano, a las que llaman "locas de los gatos". Si promovemos el individualismo y la autonomía, debemos construir un marco económico, social y cultural que no penalice, sino que sostenga y que facilite el acceso a ciertos beneficios a esa gran parte de la población que ha escogido un camino alternativo, transitorio o permanente.
Naiara Loras. PSOE / Estercuel


Interesante reflexión. Partes de la idea que promovemos el individualismo y la autonomía, lo que es cierto por la importación cultural de EEUU, aunque no tengo claro que esa sea la mejor opción,
De todas formas, es verdad que encontrar casa para uno solo o hacer la compra es difícil en la sociedad actual, que debería adaptarse a la realidad y no al ideal, además de esa presión social de tener pareja a cualquier precio o esa pregunta incómoda a los niños sobre si ya tienen novio o novia.
Usted pertenece a un partido político; ¿no ve la diferencia entre estar sola y pertenecer a un colectivo que comparte sus ideas, sus objetivos y el apoyo mutuo con disciplina y una cierta sumisión al interés común (al partido)? ¿No ve la diferencia de posibilidades y dificultades que la pertenencia a un partido o la soledad política suscitan?
Pues en la vida social y personal en soledad, en pareja o en familia, lo mismo.
Cada día me asombra más el hecho de que los políticos profesionales vean tan bien lo que está lejos, incluso lo que está más allá del horizonte, y no vean, o entiendan, lo que está delante de sus narices.
O tal vez no. Tal vez no es que no lo vean, es que no lo quieren ver, porque es lo que están pisando y aplastando mientras caminan en pos de su horizonte personal.
¡Salud!
Muy desafortunado identificar a al colectivo de personas solteras con el colectivo de rescatistas de gatos. El insulto «loca de los gatos» se lo conceden personas burlonas al colectivo de personas ,(hombres y mujeres, casadas, solteras, vidas, divorciadas, etc) que rescatan gatos. Lamentablemente, hay personas irresponsables que abandonan gatos y lamentablemente hay instituciones (ayuntamientos) que miran hacia otro lado. Esto ocasiona sufrimiento para los gatos y muchas molestias a los vecinos. Por suerte, hay personas compasivas que con sus medios personales intentan paliar este abandono y maltrato. Por eso este colectivo de rescatadores se merece reconocimiento y respeto. Y los abandonadores y los ayuntamientos, se merecen como mínimo un buen tirón de orejas. Sra Loras, no mezcle chicha con limoná.