Hace ya más de dos años conseguí interesar a ciertos lectores y lectoras hablándoles de la donación de mis libros a la Biblioteca Municipal de Caspe. Me preguntaron con afecto posteriormente por el asunto, a través de la edición digital, y yo no pude responderles más que eso de que «las cosas de palacio, van despacio», rima utilizada cuando algo solicitado a una institución, sobre lo que se tiene interés, se retrasa.

Ahora, después de haber creado expectativas en muchos caspolinos, e ilusionado yo mismo, tengo que manifestar que mis libros —de cine, de arte, de fotografía, de historia, de poesía y de muchas otras materias— siguen en cajas cubiertas de plásticos, a la espera de que el proyecto municipal de hacer una nueva y gran biblioteca, cuyo edificio ya está levantado en la calle Huerta de la Herradura, antigua Fireta, pueda concluirse y ser destinado a tan culta, noble y cada vez menos apreciada función.

Pero la política se mueve «por prioridades y consenso», y en este momento las prioridades municipales que se pueden lograr en Caspe por consenso pasan por dotarla de una «entrada digna por la calle Gumá»: amplias y equipadas aceras; por apoyar el turismo logrando el «reconocimiento nacional» de la Fiesta del Compromiso; por construir las plantas ofrecidas de hidrógeno verde y sus interconexiones; o por emprender de una vez la potabilizadora y acometer la renovación de la piscina cubierta.

Todo eso se vio en el resultado de las votaciones llevadas a cabo en un reciente e importante Pleno Municipal, quedando la reanudación inmediata del edificio de la biblioteca en minoría, apoyada solo por el PP, que la proponía. La economía municipal parece no dar para todo, al menos según se interprete por unos o por otros.

Los libros donados, pues, queridos lectores, esperarán en sus cajas el momento consensuado «propicio y prioritario». Eso si antes no son devorados por las ratas, que no son amantes de la lectura pero a las que sí les gusta comer papel entintado.

Alejo Lorén