Durante el día de ayer asistíamos perplejos a una nueva sesión plenaria de las Cortes Generales que tenía por objeto de someter a votación la mal llamada «Ley de Amnistía». Una ley elaborada a la carta de los propios delincuentes y que dejara impunes delitos como la desobediencia, la malversación agravada, prevaricación, falsedad documental y así hasta una docena de delitos que incluye los delitos de terrorismo siempre que no hayan causado violaciones graves de los derechos humanos. Este y no otro es el agradecimiento de Pedro Sánchez a unos delincuentes por haberle votado para ser Presidente del Gobierno de España, algo que no había ocurrido nunca ni en las repúblicas más bananeras del mundo. Amnistiar a delincuentes de gravísimos delitos a cambio de votos para mantenerse en el poder. Ni en mis peores pesadillas me hubiera imaginado que el presidente del Gobierno de España podía hacer algo así para mantenerse en el poder. Quizás es porque desde muy joven he tenido otro tipo de educación y he crecido bajo unos valores éticos y morales muy distintos a los que tiene el actual Presidente del Gobierno. Desde muy pequeño a mí, como a la inmensa mayoría de españoles, nos enseñaron a diferenciar lo que estaba bien de lo que estaba mal. Esta época esta formación sobre nuestro comportamiento fue una labor compartida entre nuestros padres y los profesores del colegio. Conforme nos hacíamos más mayores, empezamos a aprender que las sociedades se regían por unas reglas o normas de convivencia aprobadas por la mayoría de los españoles representados en el parlamento en forma de leyes. Aprendimos que dentro de una sociedad se debían cumplir las leyes ya que estas, fijaban el marco de convivencia dentro de una sociedad que comparte los mismos principios y valores. También nos enseñaron que, si incumplíamos reiteradamente las leyes, acabaríamos siendo unos delincuentes y que, en función de la gravedad de los delitos cometidos, podíamos ser apartados de la sociedad durante un periodo de tiempo más o menos prolongado en una cárcel.

Sin embargo, Pedro Sánchez, el Presidente del Gobierno de España, con la aprobación de la ley de Amnistía, está lanzando un peligroso mensaje a todos los jóvenes de nuestro país, un mensaje que rompe con todas las normas de convivencia con las que hemos sido educados desde muy pequeños. Con la aprobación de la ley de amnistía, se esta lanzando un mensaje a nuestros jóvenes que dice que: los que comenten graves delitos en nuestro país, que los incumplen reiteradamente las leyes que garantizan nuestra convivencia, no deben ser apartados de la sociedad, ni deben ir a una cárcel, sino que deben gozar de los mismos privilegios que el resto siempre y cuando sea para obtener a cambio un beneficio personal, en este caso, ser presidente de todos los españoles. Y debemos decirles alto y claro a todos los jóvenes, a todos los que hemos sido educados bajo unas normas de convivencia que garantizan la igualdad de todos los españoles frente a la ley, que los que indultan graves delitos a una casta política en beneficio personal, tarde o temprano acabaran siendo condenados política y moralmente por una sociedad que no va a permitir que nadie, ni el mismo Pedro Sánchez, perdone graves delitos a cambio de votos llevando a todo un Gobierno de España a una depravación política sin precedentes.


Juan Carlos Gracia. Diputado del PP en las Cortes de Aragón