Me recomiendan que mis escritos sean concisos y claros. Yo me esfuerzo, pero a sabiendas de que algunos temas han sido materia de miles de páginas que han pasado a la historia de la humanidad. Así que con modestia hoy me referiré a la Justicia, a la Ley y a la Conciencia.
Las leyes son uno de los instrumentos que crean los políticos para controlar la conducta humana.
La justicia es la virtud de dar a cada uno lo que le corresponde. Se habla de justicia cuando se tiene la voluntad de actuar rectamente y teniendo en cuenta el bienestar común.
El término justicia puede tener diferentes acepciones de acuerdo con el ámbito específico en el que se utilice. Por ejemplo: en filosofía tiene que ver con vivir honestamente, en derecho, se refiere al correcto cumplimiento de las leyes.
Si aceptamos estas definiciones de ley y de justicia, se hace transparente que los objetivos y los medios de las leyes y de la justicia no coinciden. Muchos creen que hacer justicia es hacer cumplir la ley. Eso no es justicia, y la diferencia está en al menos tres aspectos diferentes: el primero es que una ley puede ser injusta, el segundo es desconocer que la interpretación de las leyes no es unívoca, y el tercero es que la ley puede estar mal hecha y que sus resultados no sean los deseados por sus autores.
A estas realidades hay que añadir algo fundamental: cada individuo tiene sus pensamientos, sus sentimientos y sus valores. Tiene conciencia. Por ello una persona consciente es aquella que tiene conocimiento de lo que está pasando. En cambio, la inconsciencia supone que la persona no está siendo capaz de percibir lo que le sucede ni lo que pasa a su alrededor. La conciencia también tiene un carácter ético, que permite al individuo distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, guiándolo a la hora de obrar, para actuar de acuerdo con sus valores morales.
Salvo excepciones los políticos prefieren actuar de acuerdo con lo que se conoce como conciencia histórica, que dota a la persona de la capacidad de comprender que todo lo que acontece en la actualidad es resultado de un conjunto de hechos que sucedieron en el pasado. Alguien con conciencia histórica es también capaz de darse cuenta de que sus propios actos y los de sus coetáneos tendrán consecuencias futuras en las vidas de otras personas. Dicho con palabras más fáciles, el político corrige el pasado y actúa para conseguir el futuro de sus deseos.
La gente común tenemos una conciencia innata que es aquella que nos señala si las acciones o actitudes que tomamos son correctas o incorrectas. Se sustenta en el conjunto de valores morales de cada individuo. Cuando actuamos en contra de nuestros valores, experimentamos un sentimiento de culpa o remordimiento, lo que conocemos como cargo de conciencia.
Por ello ante ciertas leyes las personas desarrollan lo que se llama Objeción de Conciencia, que es la negativa a acatar órdenes, leyes o a realizar actos o servicios invocando motivos éticos o religiosos. Muchas personas creen que deben responder en primer lugar al tribunal de su propia conciencia, y la objeción de conciencia se define como un derecho a resistir los mandatos de la autoridad cuando contradicen los propios principios morales.
El derecho a la objeción de conciencia viene recogido en la Constitución, aunque en referencia exclusiva al servicio militar. Aun así, en la práctica, el Tribunal Constitucional admite la objeción de conciencia como un derecho de los ciudadanos. Sin embargo, la concepción de lo que es o no es justo varía en el tiempo, y también entre diferentes pueblos y culturas.
El suceso más importante que recuerdo sobre este tema ocurrió en 1992, cuando un juez absolvió a un objetor de conciencia por negarse a cumplir el servicio social sustitutorio. El Ministro de Justicia, un político de la época, no tuvo reparos en acusar al juez de priorizar su conciencia sobre la ley. No andaba desencaminado el juez, ya que pocas semanas más tarde se cambió la ley dándole la razón. Hoy en día son también muchos los políticos que reprochan a los jueces que no actúan como ellos desean.
Antonio Germán. Ingeniero y empresario
Ley, justicia y conciencia
Me recomiendan que mis escritos sean concisos y claros. Yo me esfuerzo, pero a sabiendas de que algunos temas han sido materia de miles de páginas que han pasado a la historia de la humanidad


“Lo que te contrarie no se lo hagas a tu prójimo; esa es toda ley, y el resto menos comentarios.” (Talmud)
Cristo, Kant…vinieron a decir lo mismo.
“…meros comentarios”
Hola Antonio, otro buen melón has abierto. No es lo mismo objeción de conciencia, que requiere un reconocimiento legal, que desobediencia civil. En el caso de la mili los objetores eran eximidos, pero los desobedientes éramos prófugos.
Son dos respuestas individuales ante la colisión entre derecho y conciencia personal en el ejercicio de la libertad ideológica: una es desobediencia autorizada y la otra rebelde y pacíficica.
Los jueces, pese estar sometidos al imperio de la ley, tienen un margen de discrecionalidad, aunque dudo que en nuestro sistema puedan oponerse a la aplicación de una norma.
La conciencia política, o su ausencia, es otro tema. Me cuesta creer que en nuestro sistema político quepa la posibilidad de que haya políticos justos, morales y con conciencia.