Siempre ha habido ricos y pobres. No voy a entrar en definir ricos y pobres, pues para cada cual son una cosa diferente. No olvidarse de caciques, pelotas y plebeyos, también tienen su definición.

Jesús de Nazaret dijo: «Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Pasado el tiempo, el César es el que toca y el dinero el dios todo poderoso y adorable. Hace años, jóvenes de este país querían ser Mario Conde y padres que lo fueran. Hoy, jóvenes y viejos admiran a Elon Musk. Quieren ser como él, no importa el cómo.

Me llama la atención que muchos ponen el grito en el cielo cuando suben el salario mínimo, las pensiones, las pagas no contributivas, etc. Siempre que las mejoras afectan a las economías más bajas, el mundo se hunde. Pocos protestan cuando nuestros políticos quitan los impuestos a los más ricos y hacen leyes a su medida.

En España, se aplicaban impuestos extraordinarios a las empresas con beneficios extraordinarios. A finales de 2024, una parte de nuestros políticos anuló una tasa del 1,2% del importe neto de la cifra de negocios derivada de actividades desarrolladas por energéticas y banca. El impuesto solo se aplicaba sobre operadores cuyo importe neto de la cifra de negocios superara los 1.000 millones de euros. Ambos sectores presentan en los últimos años récords de beneficios multimillonarios. Mientras a estos les quitan impuestos, a los del SMI se lo ponen. Coherencia.

En España, las compañías con mayores cifras de negocio pagan como impuesto el 5% de sus beneficios reales, mientras que las pequeñas empresas tributan al 15% de sus ganancias. De los asalariados, ahí están las tablas de IRPF. El culpable de todos los males es el de 565 euros mensuales. No quiere trabajar. Así de simple.

Hace días, Elon Musk, la persona más rica del mundo (dicen), apareció en todos los medios junto a Donald Trump, la persona más poderosa del mundo (dicen), con su hijo sobre los hombros. Creo que no hay padre que no haya llevado a sus hijos sobre los hombros. Pero creo que hay pocos padres que decidan que los hijos de los demás tienen que morir, para él ser más rico y poderoso. ¿Qué diferencia hay entre un niño de EEUU y uno de Palestina en hombros de su padre? Ambos son felices y se sienten seguros. La diferencia está en el padre y su cartera.

¿Qué sentirá el padre, para el que los hijos de los demás padres, solo son carne de cañón? Pues como ese padre quieren ser muchos. ¿En qué piensan los padres, cuando votan a padres como este para dirigir el destino del mundo, que es el de sus hijos?... ¿y las madres?

¿Cuánto vale la vida de un niño? ¿Y la del tuyo?

Pascual Ferrer. Érase una vez