
Los tres Reyes Magos de las Navidades pasadas eran solemnes y traían un mensaje de alegría y esperanza, rindiendo riquezas, sabiduría y respeto, al niño recién nacido. En definitiva, al futuro. Un mundo nuevo, una vida nueva como el año. Los reyes hicieron un largo viaje guiados por una estrella, para adorar al rey de reyes. Dadas sus dotes mágicas y en conmemoración a los presentes ofrecidos al niño Dios, repartían juguetes a todos los niños del mundo (y a los mayores que no merecieran carbón). Se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, y aunque trabajaban en equipo, había uno preferido de cada niño. Se les escribía una carta, pero ellos, como lo sabían todo, decidían qué era lo mejor para ti. Solía venir algún regalo «en el zapato» de tíos y abuelos. Vivíamos todas las vacaciones esperando la noche mágica y portándonos bien ante la amenaza de que nos trajeran carbón. Un solo día de juego, y al cole. ¡Uff!
Los reyes de las navidades presentes no son reyes, sino sabios, que traen como presente supuestamente su conocimiento. Pero traen regalos sin conocimiento. Tanto es así, que se pueden devolver ya que cada vez les cuesta más acertar, porque tenemos de todo. Ante la avalancha de presentes, hay mil sistemas que les ayudan a repartir los regalos, pero no tan mágicos como los pajes de antaño.
Se dividen el trabajo con Papá Noel, que va sumando adeptos por cuestión de agenda y fechas, en detrimento de «los sabios».
En las navidades futuras no son tres, sino un número aleatorio de proscritos resistentes, marginales, ateos, multiculti, inclusivos, de distintos géneros, y ni sabios ni mágicos.
Papá Noel se ha hecho el amo. Llega por la carretera de Bujaraloz envuelto en niebla con cuernos rojos y su amiguito del peluquín amarillo, con un rabo con etiqueta de «rebajas». Declara la guerra comercial al Bajo Aragón para incautar el «oro amarillo». Amenaza con remontar el Ebro y plantar portaviones en Caspe haciendo pinza con la base de Zaragoza.
Quiere acabar con el tráfico de melocotones, olivetas, ternasco…
El Trump de Antequera, heredero del Compromiso, valedor del Nobel, merecedor del reconocimiento de las dos Sicilias y Jerusalén, pretende trumplantar la pilarica y bailar la jota con plumas junto con Mr. Noel con camisa hawaiana.
Qué envidia nos tienen en todo Miami… pero no son tan nobles, ni burros ni pobres como los de aquí.

