Necesitaríamos un esfuerzo encomiable y verdadero para recopilar todas las noticias, cifras y disparates relacionados con el famoso nudo Mudéjar. Hablamos de ríos de tinta, declaraciones infructuosas, una guerra de cifras disparadas al azar. A veces me da la sensación de pertenecer a un experimento social, que consistiría en algo así como bombardear de noticias, saturarnos con cifras grandilocuentes, para finalmente hacer que nadie recuerde muy bien quién lo dijo y cuándo.
Tenemos ante nosotros uno de los más grandes ejemplos de aquello que se dice de «entre todos la mataron y ella sola se murió», conjugado con palabras que, de ser personas, serían equilibristas: reindustrialización, alternativa, energías limpias, reconversión, generación de empleo y otras más.
Evidentemente, se sabe que las cifras más reiteradas tanto de empleos como de inversión económica no hay por dónde cogerlas y son indefendibles. De hecho, no son pocos los parques solares ya instalados y el impacto en empleo es muy limitado. A veces da la sensación de que les falta todo por hacer, luego paseas por los caminos del territorio y ves que ya está todo plagado de placas.
El principio y el final de esta historia están escritos en letras de oro con la palabra mentira como principal sustento de todos los textos. ¿Tiempo de lamentaciones? Pues ya no lo sé. Han conseguido generar impunidad social, puesto que la ciudadanía ya se ha resignado a no protestar y sacarse las habichuelas como buenamente puede. Es probable que todo eso forme parte de este pseudo experimento y pueden concluir que si lo que querían era pegarle una patada a la patata caliente o esperar que se enfriara el punto de ebullición, lo han conseguido.
Lo vemos a escala nacional e internacional: nunca habíamos sido tan prisioneros de la manipulación como ahora, nunca habíamos tenido tan poca capacidad de discernir lo que es verdad de lo que no lo es y, lo peor, ya no sabemos lo que está bien y lo que está mal.
Si las cosas fueran más razonables, no hubieran existido tantas mentiras, pero el fanatismo de los políticos por no decirle la verdad ni al médico y la aversión genética que tienen ante la honestidad nos ha llevado a este punto, donde se fue hinchando un globo que se va marchando y se pierde en el horizonte, bien acompañados de la gigante multinacional que hace y deshace a su antojo, más algunos secundarios de lujo.
¿Generar energía? Por supuesto, pero si uno es de miras anchas, puede plantearse que también esa energía sirva en el territorio y no solo de él. Son tantos años repitiéndose la misma historia, que la única conclusión que puedo extraer de manera fehaciente es que no hemos aprendido nada: toda una vida para darnos cuenta de que no sabemos nada
Victor Puch. Sal en la herida

